sábado, 5 de julio de 2008

Ante la ausencia de normas los expertos sugieren distinguir los masajes de calidad.

EM, VyS, 05-07-08.

Un masaje de relajación semanal es altamente recomendado por los especialistas, pero antes de entregarse hay que tomar ciertos resguardos para no lamentarlo después.

Un masaje vigoroso y constante es uno de los remedios más efectivos tras una jornada estresante. Desde los más conocidos -relajación, descontracturantes o asociados a la reflexología- hasta los que van a niveles más profundos de los músculos -drenaje linfático-, los masajes constituyen una terapia cotidiana con fama de inocua y placentera. Un masaje de relajación semanal es altamente recomendado por los especialistas para mantener la salud de la estructura músculo-esquelética.

No obstante, son poco conocidos los riesgos que podría enfrentar una persona con alguna patología en manos de alguien que no sea un especialista.

La kinesióloga Verónica Aliaga, académica de la Escuela de Kinesiología de la Universidad de Chile, explica que un masaje mal dado podría tener consecuencias nefastas y subvaloradas por la población. Por ejemplo, las personas con dolencias venolinfáticas como várices, insuficiencia venosa o edemas, no deben recibir cualquier tipo de masaje, advierte, por el riesgo de dañar arterias o venas si se aplica de manera inadecuada.

Mayores de 60.

Quienes estén en tratamiento oncológico también podrían ver vigorizada y extendida la enfermedad si quien aplica la técnica desconoce el riesgo que enfrenta un paciente de este tipo: "Manos inexpertas pueden causar daño sobre el tejido dañado y además ayudar a la diseminación de las células neoplásicas", advierte.

Las personas mayores, en especial mujeres por sobre los 60 años, también deben ser cautelosas ya que de tener una osteoporosis subyacente, un masaje podría potenciar una fractura.

El último caso de cuidado, según explica Aliaga, son quienes padecen patologías músculo-esqueléticas con compromiso nervioso, como una lesión vertebral. "En el mejor de los casos un masaje no le provocaría nada al paciente, pero en el peor, podría aumentar la sintomatología".

En el otro extremo están las personas sanas que buscan un masaje ante un común dolor de cuello, estrés por exceso de trabajo o una contractura. Incluso aquellos que buscan aliviar un dolor focalizado, advierte la kinesióloga, deben tener cuidado.

"Si la molestia dura más de una semana o 10 días, y en particular si se trata de un dolor irradiado, es decir, se centra en una parte del cuerpo, como el hombro, pero expande su efecto hacia el hombro o antebrazo, es necesario que consulte con un especialista, como un traumatólogo o un kinesiólogo, porque podría tratarse de una lesión mayor", dice Aliaga.

A pesar de los riesgos, los masajes en Chile -y la formación de quienes los ofrecen- carecen de vigilancia y control. Jaime Sepúlveda, asesor del Área de Medicinas Complementarias y Alternativas del Ministerio de Salud, explica que "no hay normas ni el espíritu de hacerlas porque se trata de maniobras poco invasivas. Los que se realizan en los spa no tienen regulación en el entendido que lo hacen en condiciones normales del local".

Sin registro.

Tampoco hay registros de cuántas personas aplican masajes o qué tipo de formación tienen, aun cuando los únicos profesionales autorizados legalmente para aplicar masajes en Chile son los kinesiólogos, como explica Tomás Hernández, director del colegio de la orden. "Es un misterio lo que pasa en el mundo de la estética (normado por el Código Sanitario), donde hay mucha gente que aplica masajes, porque la ley es muy laxa en cuanto a cautelar la integridad de quienes ejercen esta función".

Sepúlveda señala, en tanto, que los masajes tampoco están integrados a la normativa que regula las terapias alternativas. Si así fuera, todo masajista debería certificar una capacitación de 1.600 horas.

En cuanto a la formación de quienes aplican masajes, Sepúlveda dice que en Chile estas habilidades no cuentan con formación regulada. "La quiropraxia -como disciplina profesional de masaje- no tiene reconocimiento desde el punto de vista legal en Chile y no hay un reglamento para su ejercicio".

Esto desvela a Juan José López, kinesiólogo y director del Instituto Kineva, cuyos profesores pertenecen a la Facultad de Medicina de la U. de Chile. El centro dicta un curso de quiromasaje de un año y cuenta con 400 horas de formación y 100 de práctica.

"Enseñamos masoterapia o masaje terapéuticos", explica, "y nos interesa en particular que nuestros egresados sean capaces de reconocer ciertos signos y evaluar bien la condición del paciente a nivel neurológico, vascular, renal o hepático".

A su juicio, antes de someterse a un masaje, hay que averiguar la certificación del masajista, cuestión que rara vez ocurre, dice.

¿Debe doler?

Según la kinesióloga Verónica Aliaga, la aplicación de un masaje no debería doler. No obstante, hay algunas técnicas de masaje profesional que sí provocan molestias al paciente, como el estiramiento. "Partes con un masaje suave, entras en calor y aumentas la circulación local, lo que duele un poquito. Si estás en manos de un profesional, el dolor no es una señal de alerta".

Otro es un masaje que va dirigido a los tejidos más profundos, las fascias, una membrana que envuelve los músculos y los comunica entre sí. "La técnica va liberando un plano por sobre el otro, al interior del cuerpo. Y ése duele", dice.

Juan José López, director del Instituto Kineva, que forma quiroprácticos, coincide. "Un masaje bien aplicado no debería provocar dolor más que el que nace de la aplicación. Si alguien sale adolorido y esa molestia persiste por cuatro o cinco días, entonces estuvo en malas manos", señala el especialista.

VERÓNICA ALIAGA, Kinesióloga: "No hay riesgo cuando una persona sana se somete a un masaje de relajación. Pero si tiene alguna patología, debe consultar a un médico".

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