viernes, 27 de marzo de 2015

El aislamiento y la soledad empeoran la vida

EM., VCyT., 25-03-15.
Paula Leighton

Jornadas laborales largas y agotadoras, redes sociales donde los contactos virtuales reemplazan a los reales, familias pequeñas, creciente desconfianza hacia los demás y sociedades cada vez más individualistas. Los ingredientes para que se diluyan las conexiones sociales y que aflore la soledad son cada vez mayores.

Tanto, que en países industrializados se calcula que la soledad alcanzará proporciones de epidemia hacia 2030.

En un artículo publicado en el último número del mes en la revista Perspectives of Psychological Science, investigadores de la Universidad de Brigham Young (EE.UU.) advierten que, "aunque vivir solo puede ofrecer comodidades y ventajas para un individuo, la salud física no está entre ellos, particularmente para los adultos menores de 65 años (ver recuadro)".

Relaciones en jaque.

Los autores analizaron 70 estudios sobre la relación entre soledad y mortalidad, publicados entre 1980 y 2014.

A partir de estas investigaciones, que abarcaron a 3,4 millones de personas, con un seguimiento superior a siete años, concluyen que las personas que al inicio del respectivo estudio vivían solas, estaban socialmente aisladas o se sentían solas, tuvieron más probabilidad de fallecer durante el seguimiento, independientemente de su edad, estado de salud inicial, grupo socioeconómico o duración del seguimiento.

La mortalidad fue 26% mayor para quienes se sentían subjetivamente solos, 29% para los que tenían escasos vínculos sociales con otros y 32% para quienes vivían solos.

"Esto es comparable con factores de riesgo bien establecidos que se asocian a mortalidad", dicen los autores, refiriéndose al sedentarismo, obesidad, abuso de sustancias, conducta sexual irresponsable, heridas y violencia, entre otras. "Por eso parece prudente agregar el aislamiento social y la soledad a la lista de preocupaciones de salud pública", señalan.

"Tenemos que empezar a considerar nuestras relaciones sociales más seriamente", dice la psicóloga Julianne Holt-Lunstad, autora principal del estudio. Sobre todo, considerando que "la evidencia actual indica que el elevado riesgo de mortalidad por falta de relaciones sociales es mayor que el de la obesidad".

El psiquiatra Rafael Sepúlveda, académico de la Unidad de Salud Mental y Psiquiatría Comunitaria de la Escuela de Salud Pública de la U. de Chile, destaca dos abordajes para lograrlo.

Activar las redes.

"A nivel individual, las personas deben ser capaces de activar y cuidar sus soportes sociales. Muchas veces estos -amigos, familiares, vecindad- están disponibles, pero las personas no los activan", dice Sepúlveda. A nivel de sociedad, en tanto, se deben crear las condiciones que favorezcan las redes sociales. Esto incluye, por ejemplo, pensar espacios de esparcimiento y socialización en el diseño urbano.

Cerca del 75% de los estudios analizados por los autores se hicieron con adultos mayores, un grupo tradicionalmente más asociado a falta de redes sociales. El doctor Sergio Castro, geriatra del Instituto Nacional de Geriatría se muestra optimista respecto de las políticas dirigidas a este grupo etario en Chile. "Hemos avanzado mucho en la oferta de actividades recreativas para adultos mayores, especialmente a nivel municipal. Si trabajamos más en esa línea, aumentarán sus posibilidades de crear vínculos". Agrega que mantener relaciones sociales cultivadas antes de la jubilación y participar en actividades sociales o voluntariados son otras fórmulas para evadir el aislamiento. El resultado será una vida más larga y de calidad.

Antes de los 65

Si bien los estudios analizados no indican las causas de muerte de los solitarios, los investigadores identifican varias razones directas e indirectas que explicarían su mayor vulnerabilidad. Se sabe, por ejemplo, que tanto la soledad como el aislamiento social se asocian a conductas poco saludables, como tabaquismo, poca actividad física y mala higiene del sueño. Otros estudios han detectado que quienes tienen pobres redes sociales suelen tener mayores índices de presión arterial y perfiles lipídicos menos saludables, además de un sistema inmune más deteriorado y más probabilidad de depresión.

Lo que es menos conocido, sin embargo, es que la soledad y el vivir solo son predictores de mortalidad precoz mayor para quienes tienen menos de 65 años que para los adultos mayores que viven en las mismas condiciones. Esto, dicen los autores, debido, entre otras cosas, a que tienen más riesgo de involucrarse en conductas de riesgo para la salud y consultan menos por problemas de este tipo.

domingo, 1 de febrero de 2015

Trastorno por ansiedad social afecta al 10% de la población mundial

EM., VA., 24-01-15
Por Guillermo Tupper
 
Cecilia Gacitúa (44, terapeuta floral) empezó a sufrir los primeros síntomas del Trastorno por Ansiedad Social en el colegio. Cada vez que le tocaba salir adelante y disertar frente a sus compañeros, se ponía roja como tomate. Después se bloqueaba y olvidaba todo lo que tenía que decir. "Como era tan chica, no tomaba conciencia de lo que me pasaba", recuerda. "Después en el liceo fue igual. Me daba realmente pánico exponerme a decir algo".
 
Además de las disertaciones, Gacitúa sufría en situaciones muy cotidianas. Por ejemplo, cuando iba a comprar y el vendedor le preguntaba algo, no sabía qué responder; también le sudaban las manos, aumentaban sus palpitaciones y sentía como las facciones de su cara se ponían rígidas o temblorosas. "Con mis parejas no me gustaba mucho salir ni los compromisos. Ellos me decían 'vamos para allá, hagamos esto' y yo decía 'no, me quiero quedar acá'", dice. "Y tenía dramas por lo mismo".
 
En su juventud, Cecilia acudió a varios médicos que no supieron diagnosticar claramente su enfermedad. Y, cuando entró al mundo laboral, se limitó a tener trabajos esporádicos. ¿La razón? No podía estar en un empleo de oficina que la obligara a lidiar con la misma gente todos los días. "Trabajé como secretaria y era súper bien evaluada", recuerda. "Pero en la hora de almuerzo, si el resto me hablaba y preguntaba algo, me podía poner roja. Entonces, evadía comer con la gente y comía sola en mi escritorio, aunque no se pudiera. Me venían depresiones y tenía que dejar el trabajo".
 
Hace algunos años, Gacitúa encontró alivio en la terapia floral, donde atiende a niños hiperactivos o con déficit atencional. Ella es una los miles de chilenos que sufren de Trastorno por Ansiedad Social (TAS), una enfermedad silenciosa que afecta a millones de adultos en el mundo. Si bien es popularmente conocida como fobia social, en la actualidad el término que se usa clínicamente es Trastorno por Ansiedad Social, dado que las fobias se refieren a miedos irracionales (por ejemplo, a las arañas, a quedar encerrados o a los espacios abiertos), mientras que temer a ser mal evaluado por los otros no es algo poco probable.
 
Según la Asociación de Ansiedad y Depresión de Estados Unidos (ADAA), cerca de 15 millones de norteamericanos sufren de este trastorno y un 36% de ellos experimentaron síntomas durante diez años o más antes de buscar ayuda. Chile tampoco es ajeno al problema. El primer estudio de epidemiología psiquiátrica en niños y adolescentes chilenos (2012) mostró una preocupante prevalencia general de trastornos mentales de un 22,5%. Entre ellos, los trastornos ansiosos (fobia social, trastornos de ansiedad generalizada y trastorno de ansiedad por separación) eran unos de los más comunes y alcanzaban un 8,3%. Si extrapolamos estas cifras a los adultos, los expertos estiman que ese porcentaje no dista mucho del promedio mundial y afecta a entre un 10% y un 12% de la población.
 
"La fobia social es el temor persistente a situaciones que involucren relación con otros y en las que la persona se ve fundamentalmente expuesta", dice Carlos Sagredo, director médico del Instituto Neuropsiquiátrico de Chile (INC) y de la Corporación Neuropsiquiátrica (Conepsi). "Hay algunas situaciones de la fobia social que son bien repetitivas como escribir en público, hablar en público, comer en público y usar baños públicos. Cuando la persona se ve expuesta a estas situaciones, normalmente la sensación es la de sentirse evaluados. Y lo que temen es una evaluación negativa del otro y todo esto va asociado a un montón de sintomatologías físicas y psíquicas".
 
El origen del Trastorno por Ansiedad Social tiene su origen en la preadolescencia y se puede detectar en aquellos niños que son más inhibidos, tienen menos amigos y participan poco en clases. Sin embargo, no hay que confundir este tipo de trastorno con la timidez. "Tener algo de ansiedad social frente al hablar en público, una entrevista de trabajo o una primera cita es algo normal e inherente a todos", dice la psicóloga clínica María Angélica Münchmeyer. "En un continuo, la timidez estaría en un extremo y la ansiedad social al final. El miedo que tienen las personas que sufren un Trastorno por Ansiedad Social o una fobia social es mucho más intenso y la cantidad de tiempo que ellos pasan anticipando una evaluación y visualizando que algo terrible les va a pasar es mucho más perturbadora".
 
Entre los síntomas fisiológicos más comunes están el ponerse rojo, transpirar, sufrir temblores, taquicardia y dolor de estómago. Eso va acompañado de un segundo tipo de síntomas a nivel del pensamiento. "Es un círculo vicioso. Ellos piensan 'lo voy a hacer pésimo porque estoy nervioso, el otro se va a dar cuenta y va a pensar que soy tonto'. Además, ser ansioso se tiende a asociar a ser débil y poco seguro", agrega Münchmeyer. "En general, todas estas situaciones que ellos visualizan tienen relación con ser humillado y quedar en ridículo".
 
El tercer síntoma es el aislamiento. Para huir de aquel estímulo o situación que les genera temor, los ansiosos empiezan a evitar situaciones y, como se van aislando y teniendo menos repertorio y habilidades sociales, el trastorno puede derivar en la depresión. "La persona que padece esta fobia social, va a evitar relacionarse con otros", dice Sagredo. "Para el resto, lo más evidente es que la persona empieza a retraerse y evitar el contacto, aún cuando esa persona desee el contacto. Aquel que es fóbico quiere relacionarse con otros pero sencillamente no puede, porque lo pasa tremendamente mal".
 
Las causas del miedo.
 
Rita Clark (72) tenía 22 años cuando sufrió el primer episodio de ansiedad social en su vida. Estaba jugando cartas con su esposo y de repente sufrió un gigantesco ataque de pánico. Al día siguiente fue al doctor y este le dijo que tenía presión arterial baja. "Yo dije 'oh, genial, ¿es solo eso?'. Pero en mi corazón sabía que era mucho más que eso", recuerda. "En esos días no había nada de información sobre salud mental. Tenía dos niños muy pequeños y sabía que había algo mal en mí. Pero estaba petrificada que si decía eso -incluso a mi doctor o a mi esposo- me iban a meter en una clínica mental".
 
Con el paso de los años, el aislamiento social de Clark empezó a impactar cada vez más su vida. Dejó de hacer actividades cotidianas como ir al banco, al supermercado o matrimonios y tampoco tenía forma de mantener un trabajo. Hasta que, a comienzos de los 80, leyó un artículo en la prensa sobre una organización en California (Estados Unidos) que trataba a personas con su enfermedad. "Empecé a seguir una terapia cognitivo-conductual y me tomó un año para darme cuenta de que tenía una enfermedad y que no era distinto a tener diabetes", afirma. "Cuando acepté eso, es cuando mi recuperación comenzó".
 
A medida que avanzaba en su terapia, Clark se dio cuenta de que había factores genéticos que explicaban su enfermedad y se topó con casos de alcoholismo y mala salud mental en su familia. "Vi fotos mías de cuando tenía 5 años en el kínder y salía muy asustada. (En esa época) no tenía ataques de ansiedad, pero era tímida y fui criada para cuidar a la familia y ser fuerte", recuerda. "A los 41 años, tuve que ir hacia atrás y analizar a esa chica joven temerosa que asumió nuevos roles".
 
Según los expertos, los factores en el ambiente en el cual se cría un niño pueden ser los gatillantes de una biología ansiosa. Un ejemplo típico son aquellos padres sobreprotectores que evitan que sus hijos se expongan a situaciones complejas. "Muchas veces son papás más invasivos y que están muy encima y les hacen las cosas. Entonces, al final les terminan comunicando que no son capaces y ese trato los inhibe", dice Münchmeyer. "Otro ejemplo son aquellas familias más cerradas, con padres que tienen susto a las interacciones sociales y no invitan muchos amigos a la casa. Entonces, desde chicos sus hijos aprenden a no estar muy expuestos a contactos sociales".
 
Otros factores que pueden marcar profundamente a un niño son las típicas frases que repiten los padres exigentes ("no vayas a hacer el ridículo", "no vayas a hacer el tonto") y sufrir experiencias de bullying en el colegio. "Al final, la persona está todo el tiempo preocupada internamente de la impresión que va a causar en el otro", dice la psicóloga. "En general, son personas bien perfeccionistas. Y esto viene de una sociedad y una transmisión de esta cultura familiar más exigente".
 
La tecnología como factor de riesgo.
 
En los últimos años, algunos académicos han postulado que el acceso ilimitado a la smartphones , tablets y computadores podría exacerbar la fobia social entre los adolescentes. Si bien los profesores acentúan el uso de algunos dispositivos como herramientas de aprendizaje en la sala de clases, los expertos afirman que ellos también cumplen un rol integral para hacer un balance entre la tecnología y la comunicación más presencial.
 
Una de ellas es Tamyra Pierce -profesora de Periodismo en la Universidad de California- quien empezó a investigar sobre el tema cuando observó que sus estudiantes y miembros de su familia usaban las redes sociales para evitar la comunicación cara a cara. El resultado fue "Ansiedad social y tecnología: comunicación cara a cara versus comunicación tecnológica en los jóvenes" (2009), un estudio destinado a probar la relación entre la tecnología y la fobia social. A través de una modalidad de cuestionario, Pierce llegó a dos conclusiones: primero, que las mujeres tendían a sufrir mayor ansiedad social que los hombres; y, segundo, que todos aquellos que mostraban una mayor ansiedad al hablar con otros en persona, preferían usar la tecnología para interactuar con el resto.
 
"A partir de lo que encontré en mi investigación, usar más y más la tecnología puede incrementar la ansiedad para hablar cara a cara con otros", dice Pierce a "El Mercurio". "Descubrí que muchos jóvenes prefieren comunicarse con otras personas por medio de la tecnología porque sufren de ansiedad social. Sin embargo, se requiere una mayor investigación a fin de determinar si realmente el uso de la tecnología la exacerba".
 
Desde la publicación de su estudio, Pierce ha visto un incremento en la comunicación vía tecnológica de los más jóvenes. "Muchos de mis estudiantes me han dicho que prefieren hablar con otros vía mensaje de texto porque es más rápido y no tienen que entrar en conversaciones largas si no lo desean", afirma. "También dicen que comunicarse vía texto u otras tecnologías les permite pensar una respuesta antes de realmente comunicarse con el otro. Una consecuencia de todo esto es la falta de contacto visual que mantienen cuando conversan".
 
Sin embargo, también hay miradas escépticas al respecto. "Creo que es más probable que la tecnología sea un espectador inocente aquí", afirma Thomas Rodebaugh, profesor de Psicología en la Universidad de Washington. "Ciertos aspectos de la internet podrían ser vistos como que estimulan el aislamiento en algunas personas que estarían mejor con una mayor interacción social. Sin embargo, en el pasado había otras formas en que las personas podían aislarse. Algunas personas que necesitan más estímulos antes de abrirse a otras parecen encontrar a los computadores como un medio mucho más fácil para romper el hielo".
 
Rodebaugh señala que es necesario tener un trabajo más detallado para determinar si la tecnología causa ansiedad social en algunas personas. "Hasta ahora, nuestros datos parecen decir 'tal vez'. Algunas veces la respuesta es 'sí' y otras veces 'no'", dice. "Creo que debemos considerar cuidadosamente como sociedad si es bueno o malo que las personas inviertan más tiempo en comunidades virtuales que en sus propias comunidades locales. Probablemente, un extraño de tu pueblo rara vez será una buena competencia para un viejo amigo en una red social. Pero conocer a muchas personas de tu comunidad puede conllevar beneficios de largo plazo".
 
En los últimos años, algunos académicos han postulado que el acceso ilimitado a los smartphones , tablets y computadores podría exacerbar la fobia social entre los adolescentes.
 
Las mujeres tienden a sufrir mayor ansiedad social que los hombres; además, todos aquellos que muestran una mayor ansiedad al hablar con otros en persona prefieren usar la tecnología para interactuar con el resto.
 
¿Cómo recuperarse de un Trastorno de Ansiedad Social?
 
Los expertos coinciden en que el Trastorno por Ansiedad Social es un problema frecuente en Chile. "A la consulta me llegan cada vez más casos", dice María Angélica Münchmeyer. "Lo que más veo son mujeres que vienen a consultar en su época universitaria, que implica un salto a una mayor independencia y estar más sola. Es un diagnóstico al que no se le ha tomado el peso que se le debiese tomar".
 
Al igual que la mayoría de las patologías en psiquiatría, el Trastorno por Ansiedad Social se puede abordar de más de una forma. Normalmente, el tratamiento tiene dos aristas: una que es psicofarmacológica -es decir, con medicamentos- y, en paralelo, la psicoterapia. Si ambas van de la mano, el porcentaje de éxito es muy alto. "Hay tratamientos que funcionan y eso es bastante esperanzador", dice Carlos Sagredo. "Lo primero es hacer un diagnóstico adecuado. Si tenemos dudas o vemos que nuestro hijo o pareja tiene conductas en las que evita el contacto, se incomoda en los grupos y esto causa un malestar significativo, hay que animarlos a consultar".

martes, 4 de noviembre de 2014

Columnista elabora un código de conducta para el uso del teléfono

EM, CyT., 30-10-13

Revisar el teléfono cada cinco minutos para buscar notificaciones se estaba volviendo una obsesión para el columnista de la BBC Tom Chatfield. Al darse cuenta se sintió estúpido. Solo hace un par de meses había comenzado a colaborar en un proyecto para diseñar un "código de conducta" que ayudara a quienes están de vacaciones a dejar a un lado el celular para lograr efectivamente descansar.

Fue así como decidió, basándose en ese código, elaborar sus propias reglas para el uso cotidiano de estos aparatos y colgarlas en su blog.

La primera regla que ayuda a prevenir que la tecnología robe las experiencias de la vida es el convencimiento de que ella puede esperar. El columnista recomienda a las personas conversar con sus colegas o su familia, dejando para después Twitter, la revisión del correo o las notificaciones de WhatsApp. "Podemos hacer cualquier cosa a cualquier hora y en cualquier lugar con el teléfono, y no ponemos límites que protejan nuestro tiempo de esparcimiento y placer", escribe Chatfield.

Lo anterior lleva a la regla dos: tomarse un día libre del teléfono. Aunque parece difícil, hacerlo obligará al usuario a romper la rutina. El autor recomienda dejarlo en "modo avión" unas horas.

Eso evitará -tercera regla- ser un buscador compulsivo. "Renuncie a los mapas, a los traductores de idiomas y a los sitios de recomendaciones, y entréguese a la casualidad, a lo inesperado".

El smartphone sobre la mesa durante las comidas debe evitarse a toda costa. De lo contrario se estará cometiendo "phubbing" (o el desaire a la persona que tenemos enfrente). "Si hay una diferencia entre comer y simplemente ingerir calorías, es el placer y gratitud de compartirlo con otros", apunta Chatfield en su cuarta regla.

Mirar antes de disparar la cámara. "A veces vale la pena vivir la experiencia antes de documentarla", dice su quinta norma, especial para aquellos que viven tomando fotos con su teléfono.

Asimismo, dice, antes de subir un contenido a la red, el usuario debe reflexionar sobre la experiencia que está viviendo. "Hacer una pausa, degustar, respirar el aire profundamente y fijarse en el presente".

Por último, recomienda no revisar el teléfono antes de dormir, para así descansar adecuadamente y no hacer estragos con el reloj biológico. "La luz azul de las pantallas hacen que el cerebro la asocie con luz de día".

domingo, 16 de marzo de 2014

Richard Saul: El síndrome de déficit atencional es un mito.

EMOL, 15-03-14.

Con más de 50 años de experiencia, Richard Saul afirma que los medicamentos que se utilizan para tratarlo no sirven y que los síntomas que por lo general se asocian al síndrome, pueden aliviarse con una buena dieta, más ejercicio y un mejor dormir.

"El Síndrome de Déficit Atencional con Hiperactividad no existe" es el categórico título que el neurólogo Richard Saul eligió para su último libro recién lanzado en febrero pasado y en el que -sin miedo a generar polémica- afirma que no es una condición en sí, sino más bien un conjunto de síntomas causados por más de 20 condiciones distintas, que deben ser tratadas por separado.

"Tratar el Déficit Atencional con Hiperactividad como una condición en lugar de un conjunto de síntomas, está haciendo un terrible y peligroso mal a los niños y adultos que son diagnosticado con él", señala el especialista, quien destaca que en los últimos años cada vez más a personas se les dice que padecen el síndrome.

Asimismo, advierte que la prescripción de los estimulantes que se usan para tratarlo, entre ellos el ritalín, también ha aumentado, a pesar de que en realidad no son una ayuda para los pacientes. "En su lugar causan una gran variedad de efectos secundarios, algunos de ellos peligrosos. Incluso pueden hacer que los síntomas empeoren", sostiene.

Y aunque Saul no niega la existencia de los síntomas que por lo general se asocian al Síndrome de Déficit Atencional con Hiperactividad (también se dice que existe uno hipoactivo), postula que meterlos todos en un mismo saco y tratarlos con estimulantes, "es como tratar los síntomas de un ataque cardíaco con analgésicos". "Es peligroso, negligente y erróneo", enfatiza.

Entonces, ¿cuál es su propuesta? Según señala el neurólogo, en sus más de 50 años de experiencia en el tema se ha dado cuenta de que síntomas como la incapacidad de poner atención a los detalles, interrumpir, la dificultad para permanecer sentados o tener conductas impulsivas, entre otros, en realidad tienen un sinnúmero de causas subyacentes que han sido ignoradas. De esta manera, si los especialistas son capaces de identificarlas y tratarlas de forma apropiada, podrán ayudar de forma efectiva a sus pacientes.

El médico ilustra su postura con casos específicos, el primero el de un niño de 13 años, con los clásicos signos de déficit atencional y que había sido tratado con medicamentos durante un año, pero sin éxito.

"Ordené una serie de exámenes de sangre. Éstos demostraron una deficiencia de hierro: después del colegio, mientras su madre estaba trabajando, él consumía comida chatarra en exceso, que era alta en azúcar y baja en hierro", relata.

Y -añade - la falta de hierro o anemia causa fatiga física, dificultad para poner atención y concentrarse, y problemas de memoria. "En cuanto su consumo de hierro mejoró, con pastillas y más pescado, frutas, vegetales y frutos secos, su desempeño y comportamiento también mejoraron enormemente", asegura.

Otro caso es el de una niña de siete años que llegó a su consulta porque tenía una conducta disruptiva en la sala de clases, siempre estaba intranquila y alzaba la voz para hablar. Fue diagnosticada con Síndrome de Déficit Atencional con Hiperactividad, pero el medicamento que le recetaron le provocaba problemas para dormir.

"Le hice un examen a sus ojos que arrojó que era corta de vista: su comportamiento disruptivo en clases surgía del aburrimiento provocado por el hecho de que no podía ver la pizarra correctamente", explica. Así, una vez que comenzó a usar anteojos, su "condición" desapareció milagrosamente.

Saul sostiene que la falta de sueño es otra de las más de 20 causas de los síntomas que se asocian al síndrome y que dice ha identificado. "Los adultos necesitan un mínimo de siete horas por noche, y los niños en edad escolar entre 10 y 11. Si no las consiguen, pueden sufrir una variedad de problemas: mala atención, mala memoria e hiperactividad durante el día", asegura.

Lo mismo ocurre con los problemas en el oído. "Los niños con pérdida de audición, incluso mínima, son susceptibles de ser catalogados como personas con problemas conductuales cuando, en realidad, están distraídos porque no pueden escuchar apropiadamente en las clases ruidosas", explica el neurólogo.

"¿Qué podemos hacer para corregir esta epidemia de diagnósticos erróneos y la preocupante tendencia de sobre recetar estimulantes que dejan las verdaderas causas sin tratamiento?" se pregunta el especialista. Lo primero -dice- es aprender a no sobre reaccionar. "Los niños maduran a diferente velocidades: sólo porque uno de seis años no ha aprendido a sentarse por horas en la sala de clases, no significa que él o ella tiene Síndrome de Déficit Atencional con Hiperactividad", apunta.

En segundo lugar, Saul sugiere meditar respecto a lo que realmente está produciendo estos síntomas y descartar los diagnósticos que durante décadas han hecho médicos, compañías farmacéuticas, medios y hasta los mismos pacientes.


"Las desilusiones, riesgos en la salud e incluso muertes que estos falsos diagnósticos han provocado en todo el mundo, deben detenerse. Sólo entonces las personas podrán ser tratadas eficazmente por las condiciones reales que padecen, en lugar de por el peligroso mito del Síndrome de Déficit Atencional con Hiperactividad", concluye.

martes, 3 de septiembre de 2013

Demora crónica: la impuntualidad podría ser síntoma de algo mayor.

En Marcianosmx.com

Un hombre que llega atrasado a todos los compromisos en su vida – desde funerales a citas románticas – posee una demora crónica diagnosticada como una condición médica. Jim Dunbar siempre va atrasado al trabajo, a las fiestas, a la cena con sus amigos, ha dejado a muchas mujeres plantadas esperando por él en las citas, e incluso tuvo que colarse en los funerales mucho después de haber comenzado.

El hombre de 57 años de edad, dice que su impresionante impuntualidad fue diagnosticada como un trastorno médico en una consulta en el Hospital Ninewells en Dundee, Escocia – a la que llegó 20 minutos tarde. Dunbar, un residente de la ciudad escocesa de Forfar, siguen luchando para llegar a sus compromisos a tiempo, a pesar de su diagnóstico de demora crónica.

Se cree que la enfermedad es causada por la misma parte del cerebro afectada por los que sufren de trastorno por déficit de atención (TDA), lo que significa que Dunbar no consigue evaluar adecuadamente el tiempo que tarda en concluir sus actividades. En consecuencia, el escocés se hace un enredo con los horarios y no es capaz de llegar a tiempo nunca.

“La razón por la que quiero dar a conocer esto es porque estoy seguro de que hay otras personas con el mismo problema que yo y quiero que se den cuenta de que no es su culpa”, dice. “Yo solía culparme y pensé: ‘ ¿Por qué nunca consigo llegar a tiempo? ‘. He perdido un montón de puestos de trabajo. Puedo entender la reacción de la gente y por qué no creen en mí “, se lamenta.

Algunos psicólogos creen que el atraso crónico puede ser un síntoma de un trastorno del estado de ánimo subyacente como la depresión. De hecho, muchas personas que sufren de trastorno de déficit de atención se quejan de que luchan a diario para mantener sus compromisos a tiempo.

Un estudio reciente a más de 200 personas, llevado a cabo por la Universidad de San Francisco, California, Estados Unidos, mostró que el 17% de las personas encuestadas sufrían de demora crónica. Los que no consiguen ser puntuales muestran patrones similares de comportamiento que aquellos que tienen TDA, incluyendo trastornos de ansiedad y autocontrol. Pero, hay una buena noticia: Los investigadores dicen que el problema, que afecta tanto al lado personal como a la parte profesional, no es irreversible.

Los psicólogos recomiendan que las personas afectadas se fuercen a trabajar con plazos no negociables, monitoreen el tiempo que necesitan para realizar ciertas tareas y siempre hagan planes para llegar mucho tiempo antes a ciertos lugares.

Dunbar recientemente trató de ir al cine y a sabiendas de que podría ser un problema llegar a tiempo a la sesión de las 19 horas, tomó 11 horas de anticipación. Sin embargo, logró llegar 20 minutos tarde.
“Me levanté a las 8:15 para ir a ver la película de David Bowie en Dundee, que comenzaba a las siete de la tarde. Yo sabía a qué hora debería estar allí. Esto me desanima mucho y sé que es molesto para los demás cuando llegas retrasado”.

El ex funcionario público tiene un reloj especial en su sala de estar, que utiliza frecuencias de radio sintonizadas con un transmisor ​nacional para asegurarse de que el tiempo que se muestra es siempre el correcto (incluso segundos), pero ni eso lo ayuda. Afirma que ya han intentado usar reloj de pulso, retrasar los relojes de la casa, pero no ha encontrado una solución.

Dunbar dice que ha tenido que vivir con esta condición durante toda su vida. Desde el momento en que iba a la escuela (que puede recordar llegar tarde a clase cuando tenía cinco años de edad), hasta el diagnóstico del año pasado, Dunbar dice que se culpó a sí mismo. “Mi familia no creía en mí y pensaban que estaba poniendo excusas. ”

“He llegado tarde a los funerales, tuve que entrar a escondidas y permanecer en la parte posterior. Acordé con un amigo pasar a recogerlo determinado día para irnos de viaje. Tenía que estar allí al mediodía, pero llegué con cuatro horas de retraso. Él estaba furioso porque teníamos reservaciones y todo. En otra ocasión, un amigo me invitó a comer y me encontré con él más de tres horas después de la comida. Esto ha afectado toda mi vida”, recuerda.

Sin embargo, algunos expertos se muestran escépticos sobre el diagnóstico de Dunbar. “La condición no aparece en el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales de la Asociación Psiquiátrica Americana, así que no estoy seguro de que realmente se le puede llamar una condición médica”, dijo Sheri Jacobson, psicoterapeuta y director de la Clínica Terapéutica Harley en Londres, Gran Bretaña.

“El retraso repetido es generalmente un síntoma de una enfermedad subyacente, como el TDA o la depresión, pero también puede ser simplemente un hábito. “Creo desaconsejable hacer de toda conducta humana cotidiana una condición médica”, opina.

domingo, 1 de septiembre de 2013

¿Es usted adicto al celular?

En www.kienyke.com, 01-09-13.

La adicción al celular, conocida como nomofobia, se encuentra al mismo nivel que la dependencia sin control al sexo, al juego o a comprar. El problema no es la actividad en sí misma, pues esta puede ser positiva. Las consecuencias vienen cuando hay una relación excesiva y descontrolada con el aparato. Puede sufrirse de trastornos como depresión y ansiedad.

En España, tres de cada cuatro personas que solicitan tratamiento por la adicción al celular tienen menos de treinta años. Así mismo, el 52 por ciento de los jóvenes reconoce que usan el teléfono de manera excesiva y el 6 por ciento tiene una relación tan intensa con el aparato que puede considerarse una patología.

KienyKe.com consultó a dos expertos para entender más el tema. Javier Garcés Prieto, profesor e investigador del comportamiento de los consumidores, explica detalles de esta nueva adicción; mientras que Diego Castrillón, PHD y psicólogo clínico, considera que no hay obsesión, solo la necesidad natural de comunicarse con otros.

Es una adicción sin droga.

Nomofobia ser deriva de no-móvil-fobía. El español Javier Garcés Prieto explica que la expresión nomofobia es, desde el punto de vista de la ciencia psicológica, desafortunada, porque no se trata de una fobia pues no hay una reacción negativa.

Las personas adictas sienten ansiedad cuando en reuniones o en el cine no pueden tener el teléfono encendido o usarlo de inmediato. “Esta ansiedad no les desaparece hasta que no pueden volver a encenderlo y consultarlo. Comienzan a utilizar el celular compulsivamente, incluso en situaciones sociales en que no es adecuado el hacerlo”, precisa.

Agrega que hay que tener en cuenta que estas personas realmente no tienen una necesidad objetiva de usar el celular. “No esperan ni tienen que hacer ningún tipo de llamada. Tampoco recibir un mensaje importante. Pero tienen la sensación subjetiva que ‘necesitan’ tenerlo siempre a su lado y estar constantemente atentos a cualquier mensaje o llamada”.

El tratamiento de la adicción al celular es individual y depende de la intensidad de la adicción. En esencia, se utiliza una técnica cognitiva-conductual. En un primer momento se establece como obligatorio tener largos periodos libres de teléfono y se enseña a vencer la ansiedad que provoca. En un segunda etapa, se reaprende a utilizar el celular de una forma adecuada y responsable.

No es adicción, es la necesidad de comunicarse.

Diego Castrillón, PHD psicólogo clínico, considera que no existe la adicción al celular. Argumenta que la costumbre de estar en contacto con el teléfono es una respuesta humana a la falta de comunicación o a una comunicación deficiente. Además, hace énfasis en que los humanos somos seres sociales.

El celular se convirtió en una especie de mundo paralelo en que la gente puede comunicarse y desplazarse en el tiempo y el espacio. No es que la persona quiera tener contacto con el celular. La mayoría la usa para comunicarse con otros seres humanos. Por eso, son exitosas aplicaciones como Tango, Whatsapp, Line y Facetime.

“Encontramos un canal inmediato. Una manera de conectarnos de manera permanente y una forma de encontrar a alguien siempre disponible sin necesidad de verlo. Pero no sabemos tener un equilibrio entre los dos mundos (el real y el virtual). El problema no es el celular sino el manejo”, asegura.

Sobre la ansiedad y el placer que genera el uso del celular dice: “Las personas que necesitan mantenerse comunicados con otros están en los dos polos. Por un lado, interactúan por placer, gusto o necesidad. Pero al mismo tiempo, si el otro no contesta o no responde rápido piensa: tiene apagado el celular o está conversando con otro. La demora genera ansiedad”.

“La mayoría de la gente que mantiene conversando con su celular aunque tenga otros seres humanos cerca es porque no sabe priorizar que debe y que no debe hacer en la comunicación.”

Finalmente, Castrillón asegura que los seres humanos van adaptándose y encontrando alternativas. Habrá nuevas normas de conducta y comportamientos relacionados con el celular. “Logramos integrar cosas nuevas a nuestra forma de vivir así como cuando apareció la luz eléctrica”.

Test nomofóbico.

1.- Usted revisa su celular:

a) Tan pronto se despierta (8 puntos)
b) Durante el desayuno (6 puntos)
c) Camino al trabajo (4 puntos)
d) Cuando recibe un mensaje (2 puntos)

2.- ¿Con qué frecuencia lo revisa?

a) Cada 5 minutos (8 puntos)
b) Cada 30 minutos (6 puntos)
c) Cada hora (4 puntos)
d) Un par de veces al día (2 puntos)

3.- ¿Dónde deja su celular cuando duerme?

a) Bajo la almohada (8 puntos)
b) Al lado de la cama (6 puntos)
c) Al otro lado de la habitación (4 puntos)
d) En otro lugar (2 puntos)

4.- ¿Lleva el celular con usted cuando va al baño?

a) Regularmente (8 puntos)
b) A veces (6 puntos)
c) Lo ha pensado (4puntos)
d) Nunca (2 puntos)

5.- ¿Para qué lo usa normalmente?

a) Redes sociales (8 puntos)
b) Emails (6 puntos)
c) Música y juegos (4 puntos)
d) Mensajes y llamadas (2 puntos)

Resultados:

10-15 puntos à Su relación con el celular es sana.
16-28 puntos à Ojo!
29-40 puntos à Usted tiene nomofobia. 

sábado, 3 de agosto de 2013

Evitarles a los hijos situaciones que les provoquen ansiedad sería un gran error.

EM., VCyT., 22-05-13

"El mayor error que pueden cometer los padres es permitir que sus hijos escapen de las situaciones que les hacen sentir ansiedad", dice Anne Marie Albano, académica en Psicología Clínica de la Universidad de Columbia. "Evitar esto es la llave para que la ansiedad progrese, empeore y se mantenga adherida al niño".

Este es el tema que trata la experta -que se ha especializado en trastornos del estado de ánimo en niños y adolescentes- en su más reciente publicación, You and Your Anxious Child (Usted y su hijo ansioso).

Tal como la estadounidense cuenta a "El Mercurio", su objetivo es ayudar a los papás a detectar los signos de la ansiedad y cómo aplicar ciertas técnicas que van desde ejercicios de respiración hasta animar a los niños a enfrentarse a situaciones angustiantes por sí mismos. "Esto puede ser dormir solos en su propia cama, hacer nuevos amigos, rendir una prueba en el colegio o inscribirse para un campamento de verano", cuenta a modo de ejemplo.

Para estar atento.

Aunque la experta dice que la ansiedad es una emoción natural y propia del ser humano, que se va disipando a medida que aumenta la experiencia, hay ciertas conductas en los niños frente a las cuales los padres debieran estar alerta.

Cuando buscan la manera de evitar situaciones -como no querer ir al colegio o a una fiesta de cumpleaños- o cuando muestran señales de angustia, tales como llanto, temblores e incapacidad para concentrarse o dormir, son algunos ejemplos.

También hay que prestar atención a la duración de estos episodios y a qué tanto interfieren en la vida cotidiana y no permiten realizar las típicas actividades que hacen otros niños de la misma edad.

"Lo natural es que los padres traten de consolar a sus hijos y arreglen el problema", dice Albano. Sin embargo advierte: "Hay que meterse más cuando los niños son más pequeños o están experimentando algo por primera vez".

La especialista también aconseja detenerse por un momento y examinar la conducta que se está teniendo frente a estas situaciones. "La niñez y la adolescencia son etapas para equivocarse y aprender de los errores. De esta manera los niños van a aprender a ser más independientes, van a tener más autoconfianza y van a saber cómo manejar situaciones de ansiedad de mejor manera".

Sin embargo, también hay niños que experimentan este tipo de episodios de manera más intensa y excesiva, y es necesario buscar ayuda externa, según aconseja la especialista.

"En estas situaciones siempre hay que comenzar con una terapia psicológica. Pero incluso hay casos más graves donde tener que ir al psicólogo puede ser demasiado difícil y traumático para un niño. Ahí es cuando entra en juego la medicación", cuenta.

Eso sí, advierte que la recomendación es que los remedios siempre vayan acompañados de la terapia, ya que, según cuenta Albano, la combinación de ambos es lo que da mejores resultados.

miércoles, 29 de mayo de 2013

El agua dulce escaseará en todo el mundo en una o dos generaciones.

EM., VCyT., 27-05-13.

Panel de expertos reunido en Bonn advierte que "Sin reformas importantes en el corto lapso de una o dos generaciones, la mayoría de los 9 mil millones de personas en la Tierra enfrentará una fuerte y grave presión sobre el agua dulce, recurso natural indispensable e insustituible. Esta carencia será autoinfligida y es, a nuestro juicio, totalmente evitable".

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Así lo señala el párrafo clave de la declaración de Bonn, documento emitido el pasado viernes 24-04-13 por los 500 científicos de que asistieron a la cumbre "El agua en el Antropoceno", que durante cuatro días analizaron el estado de ese recurso clave en el planeta.

Durante la cita, convocada por The Global Water System Project (GWSP), organización internacional dedicada al tema con sede en la ex capital germana, los investigadores reconocieron que los sistemas de agua dulce se encuentran en un estado precario.

Según la declaración redactada por los científicos, la mala gestión, el uso excesivo y el cambio climático son una amenaza a largo plazo para el bienestar humano.

Al respecto, Anhik Baduri, director del GWSP señaló que el mayor problema para la humanidad es la agricultura, que es la actividad que más agua utiliza y de forma que calificaron como muy ineficaz.

Dijo, por ejemplo, que actualmente la humanidad utiliza un área del tamaño de Sudamérica para cultivo y un área del tamaño de África para criar ganado.

A ello se suma que se ha construido el equivalente a una presa de grandes proporciones cada día desde hace 130 años y que decenas de miles de grandes presas están distorsionando el flujo natural de ríos, lo que afecta a ecosistemas que han existido durante miles de años.

Durante la conferencia se denunció el creciente drenaje de humedales, con lo que además se destruye una barrera natural contra las inundaciones.

Sobre este último punto, el panel determinó que muchas crecidas de ríos están enlazadas con la actividad humana.

Los investigadores formularon una serie de recomendaciones para enfrentar el problema, incluyendo adoptar un enfoque multidisciplinario en las investigaciones sobre el tema, aumentar el monitoreo -tanto por los medios tradicionales de observación como por fotografía satelital-, estimular la innovación tecnológica y de las instituciones a cargo del tema, y considerar alternativas ecológicas a los sistemas de almacenamiento e irrigación empleados hoy.

miércoles, 22 de mayo de 2013

Tácticas para dejar la "pobreza de tiempo" en el olvido

EM., VCyT., 19-05-13
Por Margherita Cordano F.


"Si este libro llegó a tus manos es por alguna de estas razones: siempre dices que no tienes el tiempo suficiente o que necesitas un día extra a la semana; te sientes como un hámster dando vueltas en una rueda interminable; o tienes metas, pero las circunstancias a tu alrededor te impiden llevarlas a cabo".

Así comienza el primer capítulo del libro "Time Millionaire" (Millonario de tiempo, disponible en inglés a través de Amazon), libro publicado a principios de 2013 por la periodista estadounidense Melody Stevens. En él, la columnista del Huffington Post entrega una serie de ideas para "ganar" una hora extra al día a través de acciones fáciles de llevar a cabo.

"Yo misma sufrí de pobreza de tiempo. Hacía dietas sin control, al otro día me llenaba de comida y siempre me juntaba con personas negativas. Por mucho tiempo me sentí como una víctima de las circunstancias, lo que me hizo volverme una persona muy quejumbrosa", cuenta la autora a "El Mercurio".

Solo después de que su padre murió y que la crisis financiera dejara a gran parte de sus colegas sin trabajo, en 2008 Stevens cambió de perspectiva. "Me di cuenta de que cuando hay tanto en la vida que no puedes controlar, sentirte mejor contigo mismo es algo que debes intentar hacer", comenta.

Menos alegatos.

Revisar el correo tres veces al día, en horarios programados , es una de 100 recomendaciones que entrega el libro. "No va a matar tu negocio y las personas pueden aguantar no saber de ti por unas horas", explica.

Cuando las quejas son muchas, se recomienda buscar ayuda "de un líder espiritual, un terapeuta o un pastor . La hora que dediques trabajando con ellos te va a salvar de muchas más horas quejándote frente a tu familia y amigos". Y es que el consejo número uno del libro es justamente tratar de reducir la cantidad de veces que dedicamos a alegar. "Un millonario invierte su dinero en aquello que le entrega mayores dividendos financieros. Un millonario del tiempo debe hacer lo mismo, pero buscando aumentar su recompensa emocional y espiritual", indica. En este sentido, los alegatos no sirven para nada, pues solo cansan y aburren al resto.

Por la misma razón es que no conviene juntarse con personas que demandan mucho . Muchas veces conviene decir que no a alguna invitación, aunque ese otro se ofenda, antes que aceptar y quedar agotado.

Una sugerencia similar es la de dejar las múltiples tareas de lado . Se explica que es mejor concentrarse en una y hacerla bien, que tener muchas, pero no cumplir con ninguna. Si se llega a la casa agotado después de trabajar, quizás es más conveniente aprovechar que se está ganando plata y contratar a alguien para que se encargue de cortar el pasto, por ejemplo.

Las tareas que no se pueden delegar conviene organizarlas según su nivel de dificultad . "Lo más difícil debe hacerse en las mañanas, porque así te sacas el problema grande de inmediato", recomienda la autora. A mitad o final del día, lo que conviene es hacer algo de ejercicio -puede ser solo una caminata- para aliviar la fatiga y despejar la mente. Más que una pérdida de tiempo, darse este espacio permite pensar mejor qué cosas quedan por hacer y cuáles se pueden dejar para más adelante.

Stevens entrega un último consejo para quienes leen esta nota: si ya están leyendo el diario, de seguro no es necesario que gasten su tiempo viendo las noticias que muestra la televisión , dice. En general, los medios repiten las noticias más importantes del día, por lo que ante la falta de tiempo, conviene centrarse en uno solo.

A los fanáticos de las series, la periodista recomienda programar qué cosas se quiere ver y a qué hora. Esto evita quedarse "pegado" en programas de los que ni siquiera se tenía noción en un principio.

domingo, 11 de noviembre de 2012

"La idea de una sala llena de alumnos tomando nota es absurda"


El Mercurio, Educación, 11-11-12.

Roger Schank, académico especialista en ciencias cognitivas, plantea cerrar todas las escuelas del mundo y reemplazarlas por una comunidad educativa virtual porque las personas deben poder elegir lo que quieren aprender. Su postura -que desarrolla en los más de veinte libros que lleva publicados- fue lo que lo llevó a abandonar las prestigiosas universidades en las que trabajaba. Hoy prepara un sistema de clases ("todo en línea", aclara) para estimular el aprendizaje práctico, dejando de lado los dictados y la memoria. 


Por Margherita Cordano.

"No creo que aprendan de mi charla. Quizás algo los estimule, pero estoy seguro de que olvidarán la mayor parte", dice Roger Schank al comienzo de su presentación. No será lo único que llame la atención entre quienes lo escuchan: más tarde dirá que leer El Quijote es una idea ridícula, que en clases de historia sólo se enseña lo que a cada país le conviene y que las pruebas de selección múltiple "son algo muy estúpido".

Invitado por el Centro de Innovación en Capital Humano de la Vicerrectoría de Innovación y Postgrado de Inacap, Roger Schank -ex profesor de las universidades de Stanford, Yale y Northwestern y hoy dedicado a la creación de una comunidad de clases en línea- visitó el país para participar del seminario "Aprender Haciendo: Formación de profesionales para el mundo de hoy". Allí dio a conocer su polémica postura en torno a la educación, una que plantea el cierre definitivo de las escuelas en el mundo.

"Existe una idea muy precaria de la educación, donde alguien sabe una verdad, la comunica y obliga a otros a aprendérsela", explica Schank, que es especialista en ciencias cognitivas, a "El Mercurio". "No se toma en cuenta que nadie es dueño de la verdad y que sólo estamos dejando hablar a una de las partes (los profesores, en contraposición de los alumnos). No hay una motivación real; los maestros aprenden de memoria y después imponen eso que retuvieron".

La filosofía de Schank toma como base lo que él llama las cinco premisas del aprendizaje: se aprende más cuando algo se hace de forma voluntaria, si hay metas personales de por medio, cuando existe interés en la materia, si se acepta el fracaso como parte del proceso y si el contenido se considera entretenido. "Y ninguna de estas características está presente en el sistema actual", cree.

Esto porque en las aulas habría pocas opciones de elegir los ramos que se prefieren, porque las metas son impuestas y porque hay un constante miedo al fracaso.

Mentores en línea.

"¿En qué está interesado un joven de 16 años? En el amor, en conseguir un auto y en fútbol. Para él, saber cómo conquistar es mucho más importante que saber de álgebra, pero seguimos insistiendo en enseñarle lo segundo", indica Schank. Bajo su postura, enseñar de sentimientos es más lógico que instruir en matemáticas. "El amor, a diferencia de los cálculos, es algo que se necesita toda la vida".

Por lo mismo, su propuesta es que el rol del profesor se entienda como la de un mentor y no una persona que dicta cátedras. También sugiere dejar las escuelas físicas de lado y potenciar las comunidades en línea, donde los maestros cumplan el papel de asesores virtuales.

"Si lo que te interesa son las misiones espaciales y tu profesor no tiene idea de eso, ¿qué mejor que conectarte y pedirle a alguien en Seattle que te ayude?".

Bajo este concepto, a los profesores se les enseñaría a contestar preguntas por internet y a crear videoconferencias motivadoras. Las evaluaciones se dejan de lado y cada persona es dueña de cuánto quiere aprender.

"La idea de una sala llena de alumnos tomando nota es absurda. Cuando los alumnos preguntan para qué sirve lo que les enseñan, nadie sabe qué responder. Sólo se les pide que sigan la corriente".

Schank aboga por aprovechar las nuevas tecnologías y desechar un modelo que rige desde el siglo XIX, cuando recién se empezaba a conocer de biología, física y química. "Hoy hay más de veinte ciencias derivadas, pero seguimos haciendo obligatorias las que eran importantes hace 100 años".

Su postura -que desarrolla en los más de veinte libros que lleva publicados- fue lo que lo llevó a abandonar las prestigiosas universidades en las que trabajaba. Hoy prepara un sistema de clases ("todo en línea", aclara) para estimular el aprendizaje práctico, dejando de lado los dictados y la memoria.

"Muchos me preguntan qué sucedería con el contacto humano en caso de que este proyecto se hiciera realidad. Bueno, no se perdería. Hay muchas actividades en las que hay oportunidad de compartir con otros. En los colegios, en general, a los niños los molestan. Hay mucho bullying . Mi propuesta es hacer las cosas que gustan y con quien se quiera, nadie le dice que no a eso. ¿Pero por qué delegarle esa responsabilidad a la educación? Haz deporte, escala una montaña, ve al cine, no vayas sólo al colegio".