Ergogénica

Pero a lo
que iba: más allá de su extravagancia, parado en la cancha, raqueta en mano, ganando
partidos, títulos y mucho dinero, el joven Agassi derrochaba convicción, y a
nadie se le hubiera ocurrido pensar que vivía como lo hacía, contra su voluntad.
Sin embargo,
la agencia Reuters informa que de paso en México, con la distancia que le dan sus
actuales 45 años, Agassi confiesa que durante el tiempo que ocupó la cima del
tenis mundial fue muy infeliz y que nunca disfrutó practicar el deporte en el
que destacó, porque su padre lo obligó a jugar.
"Mi
padre me vendía como el número uno y cuando llegas ahí no te queda para dónde
voltear, era el número uno más infeliz del mundo, prefería ser el 141. Cada vez
que salí a jugar tenis sentí que estaba fingiendo", reconoció Agassi.
"Mi
papá era muy intenso, tenía ocho años y era una carga que me hundía y ése
resentimiento me acompañó durante toda mi carrera profesional", apuntó.
"No
empecé en el tenis por elección, yo odiaba el tenis con toda mi alma y lo odié
por la mayor parte de mi carrera. Yo tenía que golpear miles de bolas por día
porque mi papá tenía la idea de que nadie me iba a ganar si golpeaba miles de
bolas por día y por años", explicó.
Recuerdo otro
caso más extremo, también en el tenis: el de Mary Pierce, una linda y briosa
tenista francesa que aunque ganaba casi todo lo que jugaba, un día, quienes
transitaban por las afueras de un court, tuvieron que intervenir para que el
padre no la siguiera abofeteando por perder el partido que acababa jugar.
Tras su
retiro, Agassi creó una fundación para ayudar a miles de niños alrededor del
mundo, compromiso con el que se siente pleno y feliz. "Decidí tomar mi elección y
darles educación a los niños, un compromiso para no fallarles, así los colores
de la vida del tenis empezaron a cambiar y me di cuenta que había algo
bueno", concluyó.
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