miércoles, 30 de septiembre de 2015

Neuroinmunología: dormir bien fortalece el sistema inmune de las personas

EM., VCyT., 30-09-15
Sebastián Urbina

Un sueño reparador no solo aumenta la cantidad de linfocitos, células que defienden al organismo, sino que también mejora su funcionamiento, advierte un grupo de investigadores.  

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Dormir bien y amanecer descansado es un factor fundamental para gozar de una buena salud. Diversos estudios han demostrado que un sueño reparador ayuda a las personas a tener un peso adecuado, así como un riesgo menor de desarrollar diabetes, hipertensión arterial e, incluso, algunos tumores.

Asimismo, a nivel cerebral existe otra ventaja. El sueño permite consolidar los recuerdos de los hechos más importantes que la persona vivió durante el día.

Ahora, investigadores de Alemania y Holanda hicieron una revisión científica donde destacan el beneficio de dormir bien sobre otro tipo de memoria, la del sistema inmune. Esto porque quien descansa bien tiene más linfocitos -que son células del sistema de defensa del cuerpo- y los que produce, además, son de mejor calidad.

"Mientras que desde hace tiempo se sabe que el dormir apoya la formación de recuerdos en la memoria de largo plazo a nivel psicológico, la idea de que este efecto se observa en otros sistemas del organismo es, desde nuestra perspectiva, algo enteramente nuevo", dice el doctor Jan Born, de la Universidad de Tubinga, uno de los autores del trabajo. Ellos proponen unificar el concepto de "formación de recuerdos de largo plazo", tanto para el sistema nervioso como para el sistema inmune, y para ambos casos, el sueño de calidad es crucial.

Información clave

El sistema inmune "recuerda" los encuentros que ha tenido con bacterias y virus a través de la identificación de los fragmentos que quedan después de la batalla contra estos gérmenes, dando lugar a la creación de células T de memoria. Estas guardan la información por meses o años, y así ayudan al organismo a responder a nuevas infecciones en forma rápida.

Son estas células T de memoria las que se producen durante la etapa de sueño profundo, algo que se ha observado durante las noches después que las personas se vacunan (ver recuadro).

Por esto, hoy no se duda de que la falta de sueño pone la salud de la gente en peligro.

"La evidencia nos dice que el dormir bien hace que el sistema inmune se potencie y su respuesta sea mejor", dice la doctora Evelyn Benavides, neuróloga especialista en Medicina del Sueño de la Clínica Universidad de los Andes.

Según explica, "las personas que hacen turnos de noche o duermen mal son más propensos a enfermarse ya que tienen una inmunidad más baja. Y cuando dejan de hacer turnos, se enferman menos".

Algo que no solo vale para las infecciones, también para algunos tumores como el de mama. Por eso a las mujeres con mayor riesgo familiar de hacer este cáncer se les recomienda no hacer turnos de noche, "ya que el riesgo de desarrollar esta enfermedad aumenta dos a tres veces", advierte la doctora Benavides.

"El sistema nervioso y el inmune están conectados y se hablan", dice el doctor Pablo González, académico de la Universidad Católica e investigador del Instituto Milenio de Inmunología e Inmunoterapia.

En su opinión, este conocimiento debería traducirse en que "junto con vacunar, debería recomendarse reposo y que la persona duerma para que la vacunación ande mejor".

Según el doctor Born, "si no dormimos, entonces el sistema inmune podría enfocarse en los fragmentos equivocados de los patógenos". Por ejemplo, registraría las partes que mutan rápido en un virus, lo que no le permitirá reconocerlo más adelante y activar a tiempo las defensas.

La evidencia que entregan las vacunas

En una investigación realizada por científicos de la U. de California en San Francisco, se vacunó a 125 voluntarios contra la hepatitis B, que consta de tres dosis: la primera y la segunda administradas con un mes de diferencia, y la tercera como un refuerzo a los seis meses. Al hacer los análisis de sangre para ver la protección alcanzada, se encontró que quienes dormían menos de seis horas tenían 11,5 veces más probabilidad de no desarrollar una respuesta inmune que los protegiera contra la enfermedad. Es decir, el organismo de estas personas no fabrica los anticuerpos que permiten identificar y neutralizar a sus enemigos, en este caso un virus que afecta al hígado.

lunes, 28 de septiembre de 2015

Conversar en clases no siempre tiene consecuencias negativas en el aprendizaje

El Mercurio, Educación, 28-091-15
Por Margherite Cordano F.

Según estudio canadiense los estudiantes que conversan en la clase desarrollan mayor sentido de pertenencia y aprovechan mejor la clase.

Yo, editor de este blog, se lo dije mucho a los profesores e inspectores cuando niño, pero no querían escuchar. Su respuesta era un cerro de estúpidas anotaciones negativas del tipo “conversa en clase”, “se para en clase”. Con ellas oprimieron y marcaron la escolaridad de muchos niños, estigmatizándonos y marginándonos como indisciplinados y conflictivos. Éramos niños por favor!!!

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Por un semestre, las investigadoras Catherine Rawn (Universidad de British Columbia) y Gillian Sandstrom (Universidad de Essex) pidieron a 242 alumnos canadienses llevar registro de todo aquello que conversaban en horas de clases: desde los comentarios que hacían sobre la materia, hasta los chismes que compartían con la persona que estaba a su lado.

Al final de cada período, los universitarios de primer año también debían completar cartillas en las que se les pedía evaluar el curso y el sentimiento de pertenencia que sentían hacia él. Para eso usaban una escala del uno al cinco.

"Los estudiantes que conversaban más que otros, tenían un mayor sentido de pertenencia y decían disfrutar mucho más de la clase", explica Rawn a "El Mercurio".

"Como académica tengo muy claro que escuchar a dos o más personas hablando puede considerarse una falta de respeto, pero descubrimos que este acto se relaciona con algo que los docentes valoran mucho, que es el sentido de comunidad", indica la psicóloga.

Para Natalia Salas, directora de Pedagogía Media en la Facultad de Educación de la Universidad Diego Portales, no es extraño que este mayor compromiso hacia la clase incida en el posterior resultado académico de los alumnos, como también sugiere la investigación canadiense.

"El estudio explica que el sentido de pertenencia no solo afecta la percepción que se tiene de la clase, sino que repercute en el desempeño dentro de ella. Y eso no es algo raro si pensamos que las creencias efectivamente afectan las cosas que hacemos", plantea la académica. Según explica, en el último tiempo, varias instituciones en el mundo han decidido desechar la imagen del aula donde solo habla el profesor, para dar paso a una donde prima la discusión entre todos.

"Hay espacios específicos dentro de la cotidianeidad de la clase para conversar y contar a los compañeros lo que se está pensando y las hipótesis que emergen. Tiene mucho que ver con la creación de una cultura de clase fuerte, donde conviven estudiantes con altas expectativas, que aprenden a autorregularse y generar un sentido de comunidad", explica Salas.

Se interactúa no para molestar o interrumpir, sino que para crear un colectivo de aprendizaje, agrega Jaime Retamal, académico del Departamento de Educación de la Universidad de Santiago.

"El concepto es crear comunidades y ambientes de aprendizaje propicios, en los que la conversación de todos con todos se hace en vistas al progreso comprensivo. Es evidente que un ambiente así de creativo no tiene al viejo y aburrido silencio de su parte".

Nueva dirección

Si bien se tilda de positivo que los alumnos interactúen unos con otros, Catherine Rawn entiende que cuando esto no es bien supervisado, el conversar puede salirse de las manos y comenzar a ser visto como falta de disciplina. "Lo que hago en clases es tratar de aprovechar la cháchara -"chitchat", le llama ella- con fines de aprendizaje. Las conversaciones entre alumnos van a suceder de todas formas, entonces en vez de retarlos porque hablan, trato de redireccionar el sentido que estas tienen", dice.

Bajo la lógica de que los alumnos van a conversar de cualquier modo, otro consejo de Rawn es que los profesores no se ofendan cuando esto suceda.

"Tomen un respiro, no siempre asuman que es algo negativo y no reaccionen de sobremanera", plantea como sugerencia.

"Hoy, los estudiantes van a la escuela porque quieren comprender el todo de su propia experiencia vital; quieren encontrar la forma de interpretar lo que les sucede rápidamente, para entenderlo y así transformar el mundo en el que viven. No quieren que sus perspectivas sean absorbidas por una experiencia escolar de corte academicista, sino que preferirían que sirvieran, como en un laboratorio o comunidad científica, para una experiencia mayor, más útil, productiva y transformadora. En ese proceso de confianza y de construcción del conocimiento mediante un aprendizaje activo, la conversación es vital", cree Retamal.

Para Natalia Salas, esta perspectiva de la escuela se aplica tanto en estudiantes de básica como en los de media, además de en aquellos que cursan la educación superior.

"Desde niños se construye esta sensación de agrado que en el estudio se asocia al compartir con otro y a la mayor motivación por una clase", indica la profesora.

jueves, 24 de septiembre de 2015

En salud mental, el ambiente es más importante que la genética

EM., VCyT., 24-09-15
Por Sebastián Urbina 

Investigación señala gen que magnifica el impacto psicológico de los eventos vitales. Si el evento es negativo causa depresión. Si es positivo, bienestar. Por lo tanto, concluye la investigación, "Uno no puede cambiar el genotipo que tiene o retroceder y cambiar la infancia que vivió, pero puedes dar pasos en el sentido de modificar tu actual ambiente".

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Las personas que tienen en su ADN un cierto gen son impactadas más profundamente por las experiencias que tienen en sus vidas, según una investigación.

Se trata del gen llamado Sert, que fue estudiado en 333 australianos por investigadores de la Universidad de Melbourne. Las personas pueden tener una versión larga del gen, una corta o una que mezcla ambas.

En la ocasión se vio que el 23% de los estudiados tenía la versión corta, y ellos pueden desarrollar una depresión ante un evento adverso, pero ante la ausencia de situaciones negativas son las personas más felices. El grupo fue seguido durante cinco años, en que anualmente se le aplicó un cuestionario para detectar depresión.

Los resultados de este trabajo se publican en la revista British Journal of Psychiatry Open.

Abuso y depresión

Los investigadores se dieron cuenta de que los poseedores de la versión corta del gen y que habían sufrido abuso físico o sexual cuando niños, era más probable que sufrieran síntomas depresivos severos cuando adultos. Por el contrario, los que tenían esta versión corta y no fueron abusados, eran más felices que los demás. Un hallazgo que desafía el concepto tradicional de la depresión, según los autores.

A futuro, este gen podría indicar la susceptibilidad de alguien a tener depresión, sobre todo si tiene antecedentes de abuso. Asimismo, podría ayudar a los médicos a identificar a los pacientes que necesitan asistencia adicional para recuperarse de la depresión.

Si bien este gen y su relación con la depresión ya se había estudiado, nunca se hizo un seguimiento en el tiempo, dice el doctor Chad Bousman, del Departamento de Psiquiatría de la U. de Melbourne.

"Nuestros resultados sugieren que algunas personas tienen un perfil genético que los hace más susceptibles a ambientes negativos, pero que puestos en un ambiente de apoyo y comprensivo, estas mismas personas es probable que crezcan sanamente", explica Bousman. Algo que es, en su opinión, una buena noticia para quienes sufren depresión y también para sus terapeutas.

"Uno no puede cambiar el genotipo que tiene o retroceder y cambiar la infancia que vivió, pero puedes dar pasos en el sentido de modificar tu actual ambiente", agrega. Además, ya no es tan claro que porque alguien tiene un gen de riesgo esté condenado.


"Esta investigación demuestra que un gen que consideramos de riesgo en un contexto, puede en realidad ser beneficioso en otro, lo que se opone al determinismo de que la genética es nuestro destino", dice Bousman.

jueves, 11 de junio de 2015

El dolor lumbar es la primera causa de años vividos con discapacidad

EM, VCyT, 11-06-15
Por C. González

A medida que la mortalidad disminuye, las enfermedades y lesiones que no provocan la muerte, pero que sí impactan en la salud de las personas, comienzan a tener mayor protagonismo. Así, patologías como el dolor de espalda y la depresión son las principales causas que llevan a los chilenos a vivir durante años con discapacidad.

Esta realidad es similar a la que se observa en todo el planeta, según el Estudio de Carga Global de Enfermedad 2013, publicado esta semana en la revista The Lancet y en el cual se hace un análisis de 301 patologías y lesiones en 188 países. Ahí quedó de manifiesto que apenas el 5% de la población mundial no sufre ninguna enfermedad.

En el caso particular de los habitantes de Chile, junto con el dolor lumbar y los trastornos depresivos, son el dolor de cuello, la ansiedad, problemas osteomusculares, la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (Epoc), la epilepsia, la migraña, la pérdida de audición y el asma las diez causas más comunes de años vividos con discapacidad, una medida que cuantifica el impacto que tienen los problemas de salud que deterioran la movilidad, la audición o la vista, o provocan dolor de alguna manera, pero que no son mortales.

Además, según el estudio local -que estuvo a cargo del doctor Pablo Lavados, de la Facultad de Medicina de la U. de Chile; y Rubén Castro, del Instituto de Políticas Públicas de la U. Diego Portales-, se pudo observar que, para ambos sexos, las principales causas de años vividos con discapacidad siguen siendo prácticamente las mismas desde 1990.

Eso sí, su impacto hoy genera una mayor carga a nivel de salud pública, debido al aumento y envejecimiento de la población, como precisan los autores.

Claro que se observan algunos cambios. Por ejemplo, en las mujeres los problemas osteomusculares aumentaron un 104% y la Epoc, 101%, en el período comprendido entre 1990 y 2013.

En el caso de los hombres, los años vividos con discapacidad por diabetes aumentaron 144% y la Epoc, un 86%.

Asimismo, a nivel general, aumentaron los casos de discapacidad asociados a la diabetes y al abuso de alcohol.

"La necesidad de enfrentar el desafío de las lesiones y enfermedades no mortales se vuelve cada vez más urgente a medida que la población aumenta y las personas viven más", dice el doctor Theo Vos, de la Universidad de Washington y autor principal del estudio.

viernes, 27 de marzo de 2015

El aislamiento y la soledad empeoran la vida

EM., VCyT., 25-03-15.
Paula Leighton

Jornadas laborales largas y agotadoras, redes sociales donde los contactos virtuales reemplazan a los reales, familias pequeñas, creciente desconfianza hacia los demás y sociedades cada vez más individualistas. Los ingredientes para que se diluyan las conexiones sociales y que aflore la soledad son cada vez mayores.

Tanto, que en países industrializados se calcula que la soledad alcanzará proporciones de epidemia hacia 2030.

En un artículo publicado en el último número del mes en la revista Perspectives of Psychological Science, investigadores de la Universidad de Brigham Young (EE.UU.) advierten que, "aunque vivir solo puede ofrecer comodidades y ventajas para un individuo, la salud física no está entre ellos, particularmente para los adultos menores de 65 años (ver recuadro)".

Relaciones en jaque.

Los autores analizaron 70 estudios sobre la relación entre soledad y mortalidad, publicados entre 1980 y 2014.

A partir de estas investigaciones, que abarcaron a 3,4 millones de personas, con un seguimiento superior a siete años, concluyen que las personas que al inicio del respectivo estudio vivían solas, estaban socialmente aisladas o se sentían solas, tuvieron más probabilidad de fallecer durante el seguimiento, independientemente de su edad, estado de salud inicial, grupo socioeconómico o duración del seguimiento.

La mortalidad fue 26% mayor para quienes se sentían subjetivamente solos, 29% para los que tenían escasos vínculos sociales con otros y 32% para quienes vivían solos.

"Esto es comparable con factores de riesgo bien establecidos que se asocian a mortalidad", dicen los autores, refiriéndose al sedentarismo, obesidad, abuso de sustancias, conducta sexual irresponsable, heridas y violencia, entre otras. "Por eso parece prudente agregar el aislamiento social y la soledad a la lista de preocupaciones de salud pública", señalan.

"Tenemos que empezar a considerar nuestras relaciones sociales más seriamente", dice la psicóloga Julianne Holt-Lunstad, autora principal del estudio. Sobre todo, considerando que "la evidencia actual indica que el elevado riesgo de mortalidad por falta de relaciones sociales es mayor que el de la obesidad".

El psiquiatra Rafael Sepúlveda, académico de la Unidad de Salud Mental y Psiquiatría Comunitaria de la Escuela de Salud Pública de la U. de Chile, destaca dos abordajes para lograrlo.

Activar las redes.

"A nivel individual, las personas deben ser capaces de activar y cuidar sus soportes sociales. Muchas veces estos -amigos, familiares, vecindad- están disponibles, pero las personas no los activan", dice Sepúlveda. A nivel de sociedad, en tanto, se deben crear las condiciones que favorezcan las redes sociales. Esto incluye, por ejemplo, pensar espacios de esparcimiento y socialización en el diseño urbano.

Cerca del 75% de los estudios analizados por los autores se hicieron con adultos mayores, un grupo tradicionalmente más asociado a falta de redes sociales. El doctor Sergio Castro, geriatra del Instituto Nacional de Geriatría se muestra optimista respecto de las políticas dirigidas a este grupo etario en Chile. "Hemos avanzado mucho en la oferta de actividades recreativas para adultos mayores, especialmente a nivel municipal. Si trabajamos más en esa línea, aumentarán sus posibilidades de crear vínculos". Agrega que mantener relaciones sociales cultivadas antes de la jubilación y participar en actividades sociales o voluntariados son otras fórmulas para evadir el aislamiento. El resultado será una vida más larga y de calidad.

Antes de los 65

Si bien los estudios analizados no indican las causas de muerte de los solitarios, los investigadores identifican varias razones directas e indirectas que explicarían su mayor vulnerabilidad. Se sabe, por ejemplo, que tanto la soledad como el aislamiento social se asocian a conductas poco saludables, como tabaquismo, poca actividad física y mala higiene del sueño. Otros estudios han detectado que quienes tienen pobres redes sociales suelen tener mayores índices de presión arterial y perfiles lipídicos menos saludables, además de un sistema inmune más deteriorado y más probabilidad de depresión.

Lo que es menos conocido, sin embargo, es que la soledad y el vivir solo son predictores de mortalidad precoz mayor para quienes tienen menos de 65 años que para los adultos mayores que viven en las mismas condiciones. Esto, dicen los autores, debido, entre otras cosas, a que tienen más riesgo de involucrarse en conductas de riesgo para la salud y consultan menos por problemas de este tipo.

domingo, 1 de febrero de 2015

Trastorno por ansiedad social afecta al 10% de la población mundial

EM., VA., 24-01-15
Por Guillermo Tupper
 
Cecilia Gacitúa (44, terapeuta floral) empezó a sufrir los primeros síntomas del Trastorno por Ansiedad Social en el colegio. Cada vez que le tocaba salir adelante y disertar frente a sus compañeros, se ponía roja como tomate. Después se bloqueaba y olvidaba todo lo que tenía que decir. "Como era tan chica, no tomaba conciencia de lo que me pasaba", recuerda. "Después en el liceo fue igual. Me daba realmente pánico exponerme a decir algo".
 
Además de las disertaciones, Gacitúa sufría en situaciones muy cotidianas. Por ejemplo, cuando iba a comprar y el vendedor le preguntaba algo, no sabía qué responder; también le sudaban las manos, aumentaban sus palpitaciones y sentía como las facciones de su cara se ponían rígidas o temblorosas. "Con mis parejas no me gustaba mucho salir ni los compromisos. Ellos me decían 'vamos para allá, hagamos esto' y yo decía 'no, me quiero quedar acá'", dice. "Y tenía dramas por lo mismo".
 
En su juventud, Cecilia acudió a varios médicos que no supieron diagnosticar claramente su enfermedad. Y, cuando entró al mundo laboral, se limitó a tener trabajos esporádicos. ¿La razón? No podía estar en un empleo de oficina que la obligara a lidiar con la misma gente todos los días. "Trabajé como secretaria y era súper bien evaluada", recuerda. "Pero en la hora de almuerzo, si el resto me hablaba y preguntaba algo, me podía poner roja. Entonces, evadía comer con la gente y comía sola en mi escritorio, aunque no se pudiera. Me venían depresiones y tenía que dejar el trabajo".
 
Hace algunos años, Gacitúa encontró alivio en la terapia floral, donde atiende a niños hiperactivos o con déficit atencional. Ella es una los miles de chilenos que sufren de Trastorno por Ansiedad Social (TAS), una enfermedad silenciosa que afecta a millones de adultos en el mundo. Si bien es popularmente conocida como fobia social, en la actualidad el término que se usa clínicamente es Trastorno por Ansiedad Social, dado que las fobias se refieren a miedos irracionales (por ejemplo, a las arañas, a quedar encerrados o a los espacios abiertos), mientras que temer a ser mal evaluado por los otros no es algo poco probable.
 
Según la Asociación de Ansiedad y Depresión de Estados Unidos (ADAA), cerca de 15 millones de norteamericanos sufren de este trastorno y un 36% de ellos experimentaron síntomas durante diez años o más antes de buscar ayuda. Chile tampoco es ajeno al problema. El primer estudio de epidemiología psiquiátrica en niños y adolescentes chilenos (2012) mostró una preocupante prevalencia general de trastornos mentales de un 22,5%. Entre ellos, los trastornos ansiosos (fobia social, trastornos de ansiedad generalizada y trastorno de ansiedad por separación) eran unos de los más comunes y alcanzaban un 8,3%. Si extrapolamos estas cifras a los adultos, los expertos estiman que ese porcentaje no dista mucho del promedio mundial y afecta a entre un 10% y un 12% de la población.
 
"La fobia social es el temor persistente a situaciones que involucren relación con otros y en las que la persona se ve fundamentalmente expuesta", dice Carlos Sagredo, director médico del Instituto Neuropsiquiátrico de Chile (INC) y de la Corporación Neuropsiquiátrica (Conepsi). "Hay algunas situaciones de la fobia social que son bien repetitivas como escribir en público, hablar en público, comer en público y usar baños públicos. Cuando la persona se ve expuesta a estas situaciones, normalmente la sensación es la de sentirse evaluados. Y lo que temen es una evaluación negativa del otro y todo esto va asociado a un montón de sintomatologías físicas y psíquicas".
 
El origen del Trastorno por Ansiedad Social tiene su origen en la preadolescencia y se puede detectar en aquellos niños que son más inhibidos, tienen menos amigos y participan poco en clases. Sin embargo, no hay que confundir este tipo de trastorno con la timidez. "Tener algo de ansiedad social frente al hablar en público, una entrevista de trabajo o una primera cita es algo normal e inherente a todos", dice la psicóloga clínica María Angélica Münchmeyer. "En un continuo, la timidez estaría en un extremo y la ansiedad social al final. El miedo que tienen las personas que sufren un Trastorno por Ansiedad Social o una fobia social es mucho más intenso y la cantidad de tiempo que ellos pasan anticipando una evaluación y visualizando que algo terrible les va a pasar es mucho más perturbadora".
 
Entre los síntomas fisiológicos más comunes están el ponerse rojo, transpirar, sufrir temblores, taquicardia y dolor de estómago. Eso va acompañado de un segundo tipo de síntomas a nivel del pensamiento. "Es un círculo vicioso. Ellos piensan 'lo voy a hacer pésimo porque estoy nervioso, el otro se va a dar cuenta y va a pensar que soy tonto'. Además, ser ansioso se tiende a asociar a ser débil y poco seguro", agrega Münchmeyer. "En general, todas estas situaciones que ellos visualizan tienen relación con ser humillado y quedar en ridículo".
 
El tercer síntoma es el aislamiento. Para huir de aquel estímulo o situación que les genera temor, los ansiosos empiezan a evitar situaciones y, como se van aislando y teniendo menos repertorio y habilidades sociales, el trastorno puede derivar en la depresión. "La persona que padece esta fobia social, va a evitar relacionarse con otros", dice Sagredo. "Para el resto, lo más evidente es que la persona empieza a retraerse y evitar el contacto, aún cuando esa persona desee el contacto. Aquel que es fóbico quiere relacionarse con otros pero sencillamente no puede, porque lo pasa tremendamente mal".
 
Las causas del miedo.
 
Rita Clark (72) tenía 22 años cuando sufrió el primer episodio de ansiedad social en su vida. Estaba jugando cartas con su esposo y de repente sufrió un gigantesco ataque de pánico. Al día siguiente fue al doctor y este le dijo que tenía presión arterial baja. "Yo dije 'oh, genial, ¿es solo eso?'. Pero en mi corazón sabía que era mucho más que eso", recuerda. "En esos días no había nada de información sobre salud mental. Tenía dos niños muy pequeños y sabía que había algo mal en mí. Pero estaba petrificada que si decía eso -incluso a mi doctor o a mi esposo- me iban a meter en una clínica mental".
 
Con el paso de los años, el aislamiento social de Clark empezó a impactar cada vez más su vida. Dejó de hacer actividades cotidianas como ir al banco, al supermercado o matrimonios y tampoco tenía forma de mantener un trabajo. Hasta que, a comienzos de los 80, leyó un artículo en la prensa sobre una organización en California (Estados Unidos) que trataba a personas con su enfermedad. "Empecé a seguir una terapia cognitivo-conductual y me tomó un año para darme cuenta de que tenía una enfermedad y que no era distinto a tener diabetes", afirma. "Cuando acepté eso, es cuando mi recuperación comenzó".
 
A medida que avanzaba en su terapia, Clark se dio cuenta de que había factores genéticos que explicaban su enfermedad y se topó con casos de alcoholismo y mala salud mental en su familia. "Vi fotos mías de cuando tenía 5 años en el kínder y salía muy asustada. (En esa época) no tenía ataques de ansiedad, pero era tímida y fui criada para cuidar a la familia y ser fuerte", recuerda. "A los 41 años, tuve que ir hacia atrás y analizar a esa chica joven temerosa que asumió nuevos roles".
 
Según los expertos, los factores en el ambiente en el cual se cría un niño pueden ser los gatillantes de una biología ansiosa. Un ejemplo típico son aquellos padres sobreprotectores que evitan que sus hijos se expongan a situaciones complejas. "Muchas veces son papás más invasivos y que están muy encima y les hacen las cosas. Entonces, al final les terminan comunicando que no son capaces y ese trato los inhibe", dice Münchmeyer. "Otro ejemplo son aquellas familias más cerradas, con padres que tienen susto a las interacciones sociales y no invitan muchos amigos a la casa. Entonces, desde chicos sus hijos aprenden a no estar muy expuestos a contactos sociales".
 
Otros factores que pueden marcar profundamente a un niño son las típicas frases que repiten los padres exigentes ("no vayas a hacer el ridículo", "no vayas a hacer el tonto") y sufrir experiencias de bullying en el colegio. "Al final, la persona está todo el tiempo preocupada internamente de la impresión que va a causar en el otro", dice la psicóloga. "En general, son personas bien perfeccionistas. Y esto viene de una sociedad y una transmisión de esta cultura familiar más exigente".
 
La tecnología como factor de riesgo.
 
En los últimos años, algunos académicos han postulado que el acceso ilimitado a la smartphones , tablets y computadores podría exacerbar la fobia social entre los adolescentes. Si bien los profesores acentúan el uso de algunos dispositivos como herramientas de aprendizaje en la sala de clases, los expertos afirman que ellos también cumplen un rol integral para hacer un balance entre la tecnología y la comunicación más presencial.
 
Una de ellas es Tamyra Pierce -profesora de Periodismo en la Universidad de California- quien empezó a investigar sobre el tema cuando observó que sus estudiantes y miembros de su familia usaban las redes sociales para evitar la comunicación cara a cara. El resultado fue "Ansiedad social y tecnología: comunicación cara a cara versus comunicación tecnológica en los jóvenes" (2009), un estudio destinado a probar la relación entre la tecnología y la fobia social. A través de una modalidad de cuestionario, Pierce llegó a dos conclusiones: primero, que las mujeres tendían a sufrir mayor ansiedad social que los hombres; y, segundo, que todos aquellos que mostraban una mayor ansiedad al hablar con otros en persona, preferían usar la tecnología para interactuar con el resto.
 
"A partir de lo que encontré en mi investigación, usar más y más la tecnología puede incrementar la ansiedad para hablar cara a cara con otros", dice Pierce a "El Mercurio". "Descubrí que muchos jóvenes prefieren comunicarse con otras personas por medio de la tecnología porque sufren de ansiedad social. Sin embargo, se requiere una mayor investigación a fin de determinar si realmente el uso de la tecnología la exacerba".
 
Desde la publicación de su estudio, Pierce ha visto un incremento en la comunicación vía tecnológica de los más jóvenes. "Muchos de mis estudiantes me han dicho que prefieren hablar con otros vía mensaje de texto porque es más rápido y no tienen que entrar en conversaciones largas si no lo desean", afirma. "También dicen que comunicarse vía texto u otras tecnologías les permite pensar una respuesta antes de realmente comunicarse con el otro. Una consecuencia de todo esto es la falta de contacto visual que mantienen cuando conversan".
 
Sin embargo, también hay miradas escépticas al respecto. "Creo que es más probable que la tecnología sea un espectador inocente aquí", afirma Thomas Rodebaugh, profesor de Psicología en la Universidad de Washington. "Ciertos aspectos de la internet podrían ser vistos como que estimulan el aislamiento en algunas personas que estarían mejor con una mayor interacción social. Sin embargo, en el pasado había otras formas en que las personas podían aislarse. Algunas personas que necesitan más estímulos antes de abrirse a otras parecen encontrar a los computadores como un medio mucho más fácil para romper el hielo".
 
Rodebaugh señala que es necesario tener un trabajo más detallado para determinar si la tecnología causa ansiedad social en algunas personas. "Hasta ahora, nuestros datos parecen decir 'tal vez'. Algunas veces la respuesta es 'sí' y otras veces 'no'", dice. "Creo que debemos considerar cuidadosamente como sociedad si es bueno o malo que las personas inviertan más tiempo en comunidades virtuales que en sus propias comunidades locales. Probablemente, un extraño de tu pueblo rara vez será una buena competencia para un viejo amigo en una red social. Pero conocer a muchas personas de tu comunidad puede conllevar beneficios de largo plazo".
 
En los últimos años, algunos académicos han postulado que el acceso ilimitado a los smartphones , tablets y computadores podría exacerbar la fobia social entre los adolescentes.
 
Las mujeres tienden a sufrir mayor ansiedad social que los hombres; además, todos aquellos que muestran una mayor ansiedad al hablar con otros en persona prefieren usar la tecnología para interactuar con el resto.
 
¿Cómo recuperarse de un Trastorno de Ansiedad Social?
 
Los expertos coinciden en que el Trastorno por Ansiedad Social es un problema frecuente en Chile. "A la consulta me llegan cada vez más casos", dice María Angélica Münchmeyer. "Lo que más veo son mujeres que vienen a consultar en su época universitaria, que implica un salto a una mayor independencia y estar más sola. Es un diagnóstico al que no se le ha tomado el peso que se le debiese tomar".
 
Al igual que la mayoría de las patologías en psiquiatría, el Trastorno por Ansiedad Social se puede abordar de más de una forma. Normalmente, el tratamiento tiene dos aristas: una que es psicofarmacológica -es decir, con medicamentos- y, en paralelo, la psicoterapia. Si ambas van de la mano, el porcentaje de éxito es muy alto. "Hay tratamientos que funcionan y eso es bastante esperanzador", dice Carlos Sagredo. "Lo primero es hacer un diagnóstico adecuado. Si tenemos dudas o vemos que nuestro hijo o pareja tiene conductas en las que evita el contacto, se incomoda en los grupos y esto causa un malestar significativo, hay que animarlos a consultar".

martes, 4 de noviembre de 2014

Columnista elabora un código de conducta para el uso del teléfono

EM, CyT., 30-10-13

Revisar el teléfono cada cinco minutos para buscar notificaciones se estaba volviendo una obsesión para el columnista de la BBC Tom Chatfield. Al darse cuenta se sintió estúpido. Solo hace un par de meses había comenzado a colaborar en un proyecto para diseñar un "código de conducta" que ayudara a quienes están de vacaciones a dejar a un lado el celular para lograr efectivamente descansar.

Fue así como decidió, basándose en ese código, elaborar sus propias reglas para el uso cotidiano de estos aparatos y colgarlas en su blog.

La primera regla que ayuda a prevenir que la tecnología robe las experiencias de la vida es el convencimiento de que ella puede esperar. El columnista recomienda a las personas conversar con sus colegas o su familia, dejando para después Twitter, la revisión del correo o las notificaciones de WhatsApp. "Podemos hacer cualquier cosa a cualquier hora y en cualquier lugar con el teléfono, y no ponemos límites que protejan nuestro tiempo de esparcimiento y placer", escribe Chatfield.

Lo anterior lleva a la regla dos: tomarse un día libre del teléfono. Aunque parece difícil, hacerlo obligará al usuario a romper la rutina. El autor recomienda dejarlo en "modo avión" unas horas.

Eso evitará -tercera regla- ser un buscador compulsivo. "Renuncie a los mapas, a los traductores de idiomas y a los sitios de recomendaciones, y entréguese a la casualidad, a lo inesperado".

El smartphone sobre la mesa durante las comidas debe evitarse a toda costa. De lo contrario se estará cometiendo "phubbing" (o el desaire a la persona que tenemos enfrente). "Si hay una diferencia entre comer y simplemente ingerir calorías, es el placer y gratitud de compartirlo con otros", apunta Chatfield en su cuarta regla.

Mirar antes de disparar la cámara. "A veces vale la pena vivir la experiencia antes de documentarla", dice su quinta norma, especial para aquellos que viven tomando fotos con su teléfono.

Asimismo, dice, antes de subir un contenido a la red, el usuario debe reflexionar sobre la experiencia que está viviendo. "Hacer una pausa, degustar, respirar el aire profundamente y fijarse en el presente".

Por último, recomienda no revisar el teléfono antes de dormir, para así descansar adecuadamente y no hacer estragos con el reloj biológico. "La luz azul de las pantallas hacen que el cerebro la asocie con luz de día".

domingo, 16 de marzo de 2014

Richard Saul: El síndrome de déficit atencional es un mito.

EMOL, 15-03-14.

Con más de 50 años de experiencia, Richard Saul afirma que los medicamentos que se utilizan para tratarlo no sirven y que los síntomas que por lo general se asocian al síndrome, pueden aliviarse con una buena dieta, más ejercicio y un mejor dormir.

"El Síndrome de Déficit Atencional con Hiperactividad no existe" es el categórico título que el neurólogo Richard Saul eligió para su último libro recién lanzado en febrero pasado y en el que -sin miedo a generar polémica- afirma que no es una condición en sí, sino más bien un conjunto de síntomas causados por más de 20 condiciones distintas, que deben ser tratadas por separado.

"Tratar el Déficit Atencional con Hiperactividad como una condición en lugar de un conjunto de síntomas, está haciendo un terrible y peligroso mal a los niños y adultos que son diagnosticado con él", señala el especialista, quien destaca que en los últimos años cada vez más a personas se les dice que padecen el síndrome.

Asimismo, advierte que la prescripción de los estimulantes que se usan para tratarlo, entre ellos el ritalín, también ha aumentado, a pesar de que en realidad no son una ayuda para los pacientes. "En su lugar causan una gran variedad de efectos secundarios, algunos de ellos peligrosos. Incluso pueden hacer que los síntomas empeoren", sostiene.

Y aunque Saul no niega la existencia de los síntomas que por lo general se asocian al Síndrome de Déficit Atencional con Hiperactividad (también se dice que existe uno hipoactivo), postula que meterlos todos en un mismo saco y tratarlos con estimulantes, "es como tratar los síntomas de un ataque cardíaco con analgésicos". "Es peligroso, negligente y erróneo", enfatiza.

Entonces, ¿cuál es su propuesta? Según señala el neurólogo, en sus más de 50 años de experiencia en el tema se ha dado cuenta de que síntomas como la incapacidad de poner atención a los detalles, interrumpir, la dificultad para permanecer sentados o tener conductas impulsivas, entre otros, en realidad tienen un sinnúmero de causas subyacentes que han sido ignoradas. De esta manera, si los especialistas son capaces de identificarlas y tratarlas de forma apropiada, podrán ayudar de forma efectiva a sus pacientes.

El médico ilustra su postura con casos específicos, el primero el de un niño de 13 años, con los clásicos signos de déficit atencional y que había sido tratado con medicamentos durante un año, pero sin éxito.

"Ordené una serie de exámenes de sangre. Éstos demostraron una deficiencia de hierro: después del colegio, mientras su madre estaba trabajando, él consumía comida chatarra en exceso, que era alta en azúcar y baja en hierro", relata.

Y -añade - la falta de hierro o anemia causa fatiga física, dificultad para poner atención y concentrarse, y problemas de memoria. "En cuanto su consumo de hierro mejoró, con pastillas y más pescado, frutas, vegetales y frutos secos, su desempeño y comportamiento también mejoraron enormemente", asegura.

Otro caso es el de una niña de siete años que llegó a su consulta porque tenía una conducta disruptiva en la sala de clases, siempre estaba intranquila y alzaba la voz para hablar. Fue diagnosticada con Síndrome de Déficit Atencional con Hiperactividad, pero el medicamento que le recetaron le provocaba problemas para dormir.

"Le hice un examen a sus ojos que arrojó que era corta de vista: su comportamiento disruptivo en clases surgía del aburrimiento provocado por el hecho de que no podía ver la pizarra correctamente", explica. Así, una vez que comenzó a usar anteojos, su "condición" desapareció milagrosamente.

Saul sostiene que la falta de sueño es otra de las más de 20 causas de los síntomas que se asocian al síndrome y que dice ha identificado. "Los adultos necesitan un mínimo de siete horas por noche, y los niños en edad escolar entre 10 y 11. Si no las consiguen, pueden sufrir una variedad de problemas: mala atención, mala memoria e hiperactividad durante el día", asegura.

Lo mismo ocurre con los problemas en el oído. "Los niños con pérdida de audición, incluso mínima, son susceptibles de ser catalogados como personas con problemas conductuales cuando, en realidad, están distraídos porque no pueden escuchar apropiadamente en las clases ruidosas", explica el neurólogo.

"¿Qué podemos hacer para corregir esta epidemia de diagnósticos erróneos y la preocupante tendencia de sobre recetar estimulantes que dejan las verdaderas causas sin tratamiento?" se pregunta el especialista. Lo primero -dice- es aprender a no sobre reaccionar. "Los niños maduran a diferente velocidades: sólo porque uno de seis años no ha aprendido a sentarse por horas en la sala de clases, no significa que él o ella tiene Síndrome de Déficit Atencional con Hiperactividad", apunta.

En segundo lugar, Saul sugiere meditar respecto a lo que realmente está produciendo estos síntomas y descartar los diagnósticos que durante décadas han hecho médicos, compañías farmacéuticas, medios y hasta los mismos pacientes.


"Las desilusiones, riesgos en la salud e incluso muertes que estos falsos diagnósticos han provocado en todo el mundo, deben detenerse. Sólo entonces las personas podrán ser tratadas eficazmente por las condiciones reales que padecen, en lugar de por el peligroso mito del Síndrome de Déficit Atencional con Hiperactividad", concluye.

martes, 3 de septiembre de 2013

Demora crónica: la impuntualidad podría ser síntoma de algo mayor.

En Marcianosmx.com

Un hombre que llega atrasado a todos los compromisos en su vida – desde funerales a citas románticas – posee una demora crónica diagnosticada como una condición médica. Jim Dunbar siempre va atrasado al trabajo, a las fiestas, a la cena con sus amigos, ha dejado a muchas mujeres plantadas esperando por él en las citas, e incluso tuvo que colarse en los funerales mucho después de haber comenzado.

El hombre de 57 años de edad, dice que su impresionante impuntualidad fue diagnosticada como un trastorno médico en una consulta en el Hospital Ninewells en Dundee, Escocia – a la que llegó 20 minutos tarde. Dunbar, un residente de la ciudad escocesa de Forfar, siguen luchando para llegar a sus compromisos a tiempo, a pesar de su diagnóstico de demora crónica.

Se cree que la enfermedad es causada por la misma parte del cerebro afectada por los que sufren de trastorno por déficit de atención (TDA), lo que significa que Dunbar no consigue evaluar adecuadamente el tiempo que tarda en concluir sus actividades. En consecuencia, el escocés se hace un enredo con los horarios y no es capaz de llegar a tiempo nunca.

“La razón por la que quiero dar a conocer esto es porque estoy seguro de que hay otras personas con el mismo problema que yo y quiero que se den cuenta de que no es su culpa”, dice. “Yo solía culparme y pensé: ‘ ¿Por qué nunca consigo llegar a tiempo? ‘. He perdido un montón de puestos de trabajo. Puedo entender la reacción de la gente y por qué no creen en mí “, se lamenta.

Algunos psicólogos creen que el atraso crónico puede ser un síntoma de un trastorno del estado de ánimo subyacente como la depresión. De hecho, muchas personas que sufren de trastorno de déficit de atención se quejan de que luchan a diario para mantener sus compromisos a tiempo.

Un estudio reciente a más de 200 personas, llevado a cabo por la Universidad de San Francisco, California, Estados Unidos, mostró que el 17% de las personas encuestadas sufrían de demora crónica. Los que no consiguen ser puntuales muestran patrones similares de comportamiento que aquellos que tienen TDA, incluyendo trastornos de ansiedad y autocontrol. Pero, hay una buena noticia: Los investigadores dicen que el problema, que afecta tanto al lado personal como a la parte profesional, no es irreversible.

Los psicólogos recomiendan que las personas afectadas se fuercen a trabajar con plazos no negociables, monitoreen el tiempo que necesitan para realizar ciertas tareas y siempre hagan planes para llegar mucho tiempo antes a ciertos lugares.

Dunbar recientemente trató de ir al cine y a sabiendas de que podría ser un problema llegar a tiempo a la sesión de las 19 horas, tomó 11 horas de anticipación. Sin embargo, logró llegar 20 minutos tarde.
“Me levanté a las 8:15 para ir a ver la película de David Bowie en Dundee, que comenzaba a las siete de la tarde. Yo sabía a qué hora debería estar allí. Esto me desanima mucho y sé que es molesto para los demás cuando llegas retrasado”.

El ex funcionario público tiene un reloj especial en su sala de estar, que utiliza frecuencias de radio sintonizadas con un transmisor ​nacional para asegurarse de que el tiempo que se muestra es siempre el correcto (incluso segundos), pero ni eso lo ayuda. Afirma que ya han intentado usar reloj de pulso, retrasar los relojes de la casa, pero no ha encontrado una solución.

Dunbar dice que ha tenido que vivir con esta condición durante toda su vida. Desde el momento en que iba a la escuela (que puede recordar llegar tarde a clase cuando tenía cinco años de edad), hasta el diagnóstico del año pasado, Dunbar dice que se culpó a sí mismo. “Mi familia no creía en mí y pensaban que estaba poniendo excusas. ”

“He llegado tarde a los funerales, tuve que entrar a escondidas y permanecer en la parte posterior. Acordé con un amigo pasar a recogerlo determinado día para irnos de viaje. Tenía que estar allí al mediodía, pero llegué con cuatro horas de retraso. Él estaba furioso porque teníamos reservaciones y todo. En otra ocasión, un amigo me invitó a comer y me encontré con él más de tres horas después de la comida. Esto ha afectado toda mi vida”, recuerda.

Sin embargo, algunos expertos se muestran escépticos sobre el diagnóstico de Dunbar. “La condición no aparece en el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales de la Asociación Psiquiátrica Americana, así que no estoy seguro de que realmente se le puede llamar una condición médica”, dijo Sheri Jacobson, psicoterapeuta y director de la Clínica Terapéutica Harley en Londres, Gran Bretaña.

“El retraso repetido es generalmente un síntoma de una enfermedad subyacente, como el TDA o la depresión, pero también puede ser simplemente un hábito. “Creo desaconsejable hacer de toda conducta humana cotidiana una condición médica”, opina.

domingo, 1 de septiembre de 2013

¿Es usted adicto al celular?

En www.kienyke.com, 01-09-13.

La adicción al celular, conocida como nomofobia, se encuentra al mismo nivel que la dependencia sin control al sexo, al juego o a comprar. El problema no es la actividad en sí misma, pues esta puede ser positiva. Las consecuencias vienen cuando hay una relación excesiva y descontrolada con el aparato. Puede sufrirse de trastornos como depresión y ansiedad.

En España, tres de cada cuatro personas que solicitan tratamiento por la adicción al celular tienen menos de treinta años. Así mismo, el 52 por ciento de los jóvenes reconoce que usan el teléfono de manera excesiva y el 6 por ciento tiene una relación tan intensa con el aparato que puede considerarse una patología.

KienyKe.com consultó a dos expertos para entender más el tema. Javier Garcés Prieto, profesor e investigador del comportamiento de los consumidores, explica detalles de esta nueva adicción; mientras que Diego Castrillón, PHD y psicólogo clínico, considera que no hay obsesión, solo la necesidad natural de comunicarse con otros.

Es una adicción sin droga.

Nomofobia ser deriva de no-móvil-fobía. El español Javier Garcés Prieto explica que la expresión nomofobia es, desde el punto de vista de la ciencia psicológica, desafortunada, porque no se trata de una fobia pues no hay una reacción negativa.

Las personas adictas sienten ansiedad cuando en reuniones o en el cine no pueden tener el teléfono encendido o usarlo de inmediato. “Esta ansiedad no les desaparece hasta que no pueden volver a encenderlo y consultarlo. Comienzan a utilizar el celular compulsivamente, incluso en situaciones sociales en que no es adecuado el hacerlo”, precisa.

Agrega que hay que tener en cuenta que estas personas realmente no tienen una necesidad objetiva de usar el celular. “No esperan ni tienen que hacer ningún tipo de llamada. Tampoco recibir un mensaje importante. Pero tienen la sensación subjetiva que ‘necesitan’ tenerlo siempre a su lado y estar constantemente atentos a cualquier mensaje o llamada”.

El tratamiento de la adicción al celular es individual y depende de la intensidad de la adicción. En esencia, se utiliza una técnica cognitiva-conductual. En un primer momento se establece como obligatorio tener largos periodos libres de teléfono y se enseña a vencer la ansiedad que provoca. En un segunda etapa, se reaprende a utilizar el celular de una forma adecuada y responsable.

No es adicción, es la necesidad de comunicarse.

Diego Castrillón, PHD psicólogo clínico, considera que no existe la adicción al celular. Argumenta que la costumbre de estar en contacto con el teléfono es una respuesta humana a la falta de comunicación o a una comunicación deficiente. Además, hace énfasis en que los humanos somos seres sociales.

El celular se convirtió en una especie de mundo paralelo en que la gente puede comunicarse y desplazarse en el tiempo y el espacio. No es que la persona quiera tener contacto con el celular. La mayoría la usa para comunicarse con otros seres humanos. Por eso, son exitosas aplicaciones como Tango, Whatsapp, Line y Facetime.

“Encontramos un canal inmediato. Una manera de conectarnos de manera permanente y una forma de encontrar a alguien siempre disponible sin necesidad de verlo. Pero no sabemos tener un equilibrio entre los dos mundos (el real y el virtual). El problema no es el celular sino el manejo”, asegura.

Sobre la ansiedad y el placer que genera el uso del celular dice: “Las personas que necesitan mantenerse comunicados con otros están en los dos polos. Por un lado, interactúan por placer, gusto o necesidad. Pero al mismo tiempo, si el otro no contesta o no responde rápido piensa: tiene apagado el celular o está conversando con otro. La demora genera ansiedad”.

“La mayoría de la gente que mantiene conversando con su celular aunque tenga otros seres humanos cerca es porque no sabe priorizar que debe y que no debe hacer en la comunicación.”

Finalmente, Castrillón asegura que los seres humanos van adaptándose y encontrando alternativas. Habrá nuevas normas de conducta y comportamientos relacionados con el celular. “Logramos integrar cosas nuevas a nuestra forma de vivir así como cuando apareció la luz eléctrica”.

Test nomofóbico.

1.- Usted revisa su celular:

a) Tan pronto se despierta (8 puntos)
b) Durante el desayuno (6 puntos)
c) Camino al trabajo (4 puntos)
d) Cuando recibe un mensaje (2 puntos)

2.- ¿Con qué frecuencia lo revisa?

a) Cada 5 minutos (8 puntos)
b) Cada 30 minutos (6 puntos)
c) Cada hora (4 puntos)
d) Un par de veces al día (2 puntos)

3.- ¿Dónde deja su celular cuando duerme?

a) Bajo la almohada (8 puntos)
b) Al lado de la cama (6 puntos)
c) Al otro lado de la habitación (4 puntos)
d) En otro lugar (2 puntos)

4.- ¿Lleva el celular con usted cuando va al baño?

a) Regularmente (8 puntos)
b) A veces (6 puntos)
c) Lo ha pensado (4puntos)
d) Nunca (2 puntos)

5.- ¿Para qué lo usa normalmente?

a) Redes sociales (8 puntos)
b) Emails (6 puntos)
c) Música y juegos (4 puntos)
d) Mensajes y llamadas (2 puntos)

Resultados:

10-15 puntos à Su relación con el celular es sana.
16-28 puntos à Ojo!
29-40 puntos à Usted tiene nomofobia.